miércoles 5 de noviembre de 2008

Expedientes X

En septiembre del 2006 iniciamos el proceso de postulación a la residencia permanente en Canadá y recién ahora, 2 años, 1 mes y 1 día después (sí, parece condena) nos llegó la confirmación de que fuimos aceptados.

El trámite en general no estuvo exento de tribulaciones: malentendidos, repetición de los exámenes médicos (que obviamente no cubre el seguro), pagos que se podían hacer solamente en pesos chilenos depositados en una cuenta en Chile
(just for fun), documentos que no llegaron, cosas que se les olvidó pedir y tuvimos que mandar por FedEx (realmente deberíamos haber pedido un préstamo en un banco de ojos), etc. Pero bueno, ya se acabó. El fin de semana cruzamos la frontera (paseo por el día) y a la vuelta hicimos el proceso de inmigración: se demoró 5 minutos.

Lo más divertido es que siempre pensé que iba a estar tan, tan feliz, que iba llorar de la emoción o algo parecido. Que íbamos a celebrar con una tremenda fiesta... y nada. Firmamos los papeles correspondientes, nos felicitaron y nos desearon suerte en nuestra "nueva" vida, que de nueva no tiene mucho. ¿Unos 6-7 años que llevamos por estos lados? Ya era tarde, me dolía la cabeza con tanto viaje en auto y comida rápida y lo único que quería era llegar a la casa a dormir. La fiesta todavía está pendiente.