lunes 12 de febrero de 2007

Uno (o más) de esos días

Hay días en que sería mejor quedarse en casa, porque si uno sale, fijo que la lluvia de la única nube negra en el cielo cae sobre uno. Por alguna razón todavía inexplicable he tenido una seguidilla de esos días. ¿Será alguna conjunción astral en mi contra?

El viernes tenía que estar a las 8 de la mañana en la oficina, primer día de una pega nueva, part-time, cerca de mi casa. Me pongo el abrigo, agarro las llaves, no alcanzo a llegar a la puerta y me empieza a sangrar la nariz. Corro al baño. La sangre chorrea como si alguien hubiera abierto un grifo. Con un ojo trato de ver la hora y con el otro compruebo que al menos no me he manchado la ropa. Se hace tarde. Ley de Murphy en acción. Controlo la hemorragia con una mota de algodón (no se ve muy estético que digamos) y salgo corriendo. Por supuesto llego pasado las 8, muerta de calor por la carrera y con cara de sobreviviente de guerra. Al menos era real. Hora de volver a casa: con tantos inconvenientes se me olvidó llevar el paraguas y por supuesto está lloviendo. Ya no llueve, diluvia. Camino un par de cuadras hasta la farmacia, estilando, y compro un paraguas. Salgo, camino otra cuadra y deja de llover. Insólito.

El domingo fui al supermercado: poco me faltó para hacer la compra del mes y cuando me meto la mano al bolsillo para sacar la billetera... ¡no está! En ninguna parte. Se me quedó en la casa, de no creerlo. Al menos el cajero me ofrece guardar las cosas hasta que vuelva. Por suerte es cerca, pero siguen siendo 5 cuadras. Ahí partí corriendo... y seguí corriendo de vuelta. Obviamente se puso a llover y yo justo había dejado el paraguas en el supermercado, con el resto de las bolsas. Llegué estilando (¿suena conocido?), pagué y cuando salí del super dejó de llover. Grrr.

Hoy fue el broche de oro: el día estuvo tranquilo en general, solo que no estábamos con ganas de cocinar y pedimos comida china en la noche. Era un montón de comida, sobró la mitad. Venían un par de galletas de la suerte, abro la mía y traía un papelito. Delta abre la suya y como si "una suerte" fuera poco, venían 3. Hasta en eso perdí. Al menos, según mi galleta, la prosperidad llamará pronto a mi puerta. Ojalá que cuando eso ocurra no se eche a perder el timbre.