viernes 13 de noviembre de 2009

¡Es un niño!

Hace tiempo no escribía. Eso de que la maternidad te cambia la vida es totalmente cierto. Desde que nació nuestro retoño en septiembre perdí la noción del tiempo: un sábado puede ser perfectamente un lunes o un miércoles; mi vida gira en torno a pañales, papas y breves períodos de sueño, en ciclos que parecieran no acabar nunca; gracias a esto, mi cerebro se achicó hasta quedar del tamaño de un maní (sí, el famoso baby brain). Y así es como me he pillado echándole agua a la tetera con la tapa puesta, guardando las cosas en los cajones equivocados, etc. Después de eso, ya me considero peligro público y he limitado mis salidas al mínimo. No vaya a ser que cruce la calle con luz roja o que pague las compras con billetes de Metrópolis.

Por suerte existen las compras por Internet: fácil, seguro, a un solo clic. Sin querer me he estado volviendo adicta: desde algo tan doméstico como bolsas de repuesto para la aspiradora, hasta libros e incluso un colchón para la cuna que ordené directo desde Estados Unidos (y aún así salió más barato que en la tienda local).

Lo último que compré fue ropa interior. Nada de ir a la tienda, esperar que se desocupe un probador, hacer fila para pagar, etc. En cambio, fui a la tienda virtual y en cinco minutos estaba lista. Hasta aquí todo perfecto, si no fuera porque no me llegaba el correo de confirmación. Cinco, diez, veinte minutos y todavía nada. Raro. Revisé mi orden de compra y descubrí con horror que me había equivocado al ingresar mi dirección de correo electrónico; un guión de más y la orden completa le llegó a otra persona. ¡HORROR! Un perfecto extraño (¿o extraña?) que ahora sabe mi nombre, mi dirección y, lo peor de todo, ¡la talla de mi ropa interior! A estas alturas el robo de identidad me daba lo mismo (aunque por suerte no incluyen información de la tarjeta de crédito). Muerta de vergüenza, le escribí a la persona en cuestión pidiéndole que me reenviara el correo de confirmación... y lo hizo; además se lo tomó con humor. Gracias, Andrea B. A todos nos pasa de vez en cuando.


viernes 31 de julio de 2009

¡Calor!

Ah, el verano en Vancouver. Tengo que confesar que me reía sola cuando contaba que nuestro baby nacería en septiembre y me llegaban miradas de lástima y palabras de aliento por el veranito que iba a pasar. Me reía, porque el verano en Vancouver dura prácticamente un mes (julio) y las temperaturas son bastante moderadas. En días de mucho calor el termómetro sube a 24ºC. El agua de mar es gélida (para mi gusto) y por eso las piscinas al aire libre son temperadas (sí, en pleno verano). Hasta hace poco, yo era feliz yendo a yoga dos veces por semana, a la piscina después del trabajo, luciendo mi panza gigante al sol y deseando que el verano no se acabara nunca. Hasta hace poco, no sabía lo que era tener los pies hinchados o no poder dormir por el calor. Hace unos días, en cambio, lo único que quiero es que llueva y que el sol se ponga más temprano.

Desde la semana pasada estamos con una ola de calor en Vancouver, con temperaturas sobre los 30ºC, humedad altísima y, gracias a eso, una sensación térmica de 40ºC. Ah, ¿mencioné que no hay nada de viento? El calor se siente al sol y a la sombra; además, no existe una cultura de aire acondicionado en las casas porque la temperatura nunca sube tanto y menos se mantiene por tantos días seguidos. Estuve trabajando tres días desde la casa porque no podía salir ni a la esquina y ahora estoy yendo a la oficina sólo por la mañana para evitar el calor del bus a las 4:30, un infierno. La gente anda de mal genio porque no hay forma de dormir en la noche; nosotros estuvimos a punto de instalar la carpa en el patio. Me tuve que olvidar del yoga e incluso de la piscina, porque la fila para entrar es eterna.

Cada cual se las arregla como puede para combatir el calor, aunque debo confesar que, hasta ahora, hay dos prácticas que me han llamado la atención. La primera, es algo que vi el otro día cuando tomé el bus en la mañana en dirección al trabajo: en el balcón de una casa había un tipo durmiendo, tan relajado, que hasta tenía una pierna colgando por la baranda. Fue hasta simpático y me dieron ganas de haber tenido balcón para hacer lo mismo. La segunda historia es un poco más terrorífica: una señora en el bus saca una toalla pequeñita de su cartera y ¡se la pasa por las axilas! Unas dos veces por lado. Lo peor de todo es que no terminó ahí, sino que después se la pasó por la cara y el cuello. ¿Por qué tenía que hacerlo en el bus, a vista y paciencia de todo el mundo? ¿Necesitaba un público gratuito? O por último, ¿por qué no se le ocurrió limpiarse la cara primero y las axilas después? Parece que el calor realmente confunde las ideas. Como decía, ojalá llueva pronto.



martes 28 de julio de 2009

La gran verdad

Hace un par de semanas, una amiga me instó a publicar en mi blog 10 verdades sobre mi persona y cuando estaba a punto de sentarme a escribir, me di cuenta de que los que me conocen ya saben suficiente y al resto no podría importale menos.

La única gran verdad es que me cargan las cadenas y por lo general se mueren conmigo. Por blog o por correo electrónico, da lo mismo si son del tipo "si no la mandas en los próximos 5 minutos..." o "agrega tu firma al final de este correo para...", etc.

De todas formas tengo mis favoritas; por ejemplo: los gatos embotellados (estilo bonsai); la historia del tipo que se murió por comer un postre que ya había vencido; si eres usuario de Windows y le mandas un correo a Bill Gates, él te va a mandar como 300 dólares de regalo (jaja); si usas antitranspirantes te puede dar cáncer de pecho (¿a los hombres también?); el poema de García Márquez que escribió cuando estaba a punto de morir (que yo sepa todavía está vivo) y muchas otras.

Aquí dejo un sitio interesante donde se encuentran varias de estas cadenas.



lunes 20 de julio de 2009

Sugerencias

Después de una dermatitis que casi me deja sin cara debido al estrés (nótese que el trabajo no tuvo nada que ver, hasta me relaja), decidí implementar una nueva forma de comunicación. El primer paso fue nombrar a Delta como mi representante oficial: él se dedicó a hablar con mi mamá por teléfono, con sus papás y en general con cualquier otra persona que me hiciera perder la paciencia; pero ahora que ya puedo manejar las conversaciones con el resto del mundo de manera civilizada (usando el método de "me entra por una oreja y me sale por la otra"), es tiempo de pasar a la segunda etapa: el buzón de sugerencias.

El método es bastante fácil. Ante comentarios como:

"Deberían ir escogiendo nombres" La respuesta sería: "Escriba la sugerencia, deposítela en el buzón y la leeré más tarde". Nada de dar explicaciones ni gastar energía en discusiones que no llevan a ninguna parte.

Lo mejor de todo es que la misma respuesta sirve para varias sugerencias o comentarios; por ejemplo:

  • "¿Cómo no han comprado la cuna? ¿Acaso esperan que el bebé duerma en una caja?"
  • "¿Cómo vas a trabajar hasta el último día? Deberías salir de prenatal dos meses antes/un mes antes/al menos dos semanas antes".
  • "Yo creo que tu mamá debería venir antes de que nazca/después de que nazca/dos meses después de que nazca/el próximo año".
  • "Debes ponerte unos audífonos en la panza para que el bebé escuche baby Mozart/baby Beethoven/baby lo-que-sea".
  • "Deja que el bebé llore aunque tenga hambre, hay que crearle horarios".
  • "No dejes que llore, puede darle ansiedad; dale papa sagradamente cada dos horas".
  • "Deberían venir a Chile apenas nazca/para Navidad/para siempre".
  • "Ya deberían ir pensando en el bautizo/en el colegio/en la universidad", etc.
La gracia es que en un tiempo más, cuando el buzón esté a punto de reventar, Delta (todavía en calidad de representante) lo abre, filtra los mensajes, ve cuáles sirven y cuáles no. Probablemente de cien mensajes sólo dos o tres valgan la pena. Tarea tediosa, que consume demasiado tiempo para un resultado tan pobre. La otra opción (mi favorita) es que Delta tome el buzón cuando esté bien lleno y lo tire a una fogata. O al reciclaje. O use la parte de atrás de las sugerencias para hacer las listas del supermercado.

Y si tiene algún reclamo o comentario sobre lo que acabo de escribir, deposítelo en el buzón. Seguro lo leo más tarde.


sábado 30 de mayo de 2009

Baby Mozart

Ah, el embarazo. La dulce espera como dicen algunos, una de las cosas más estresantes por las que me ha tocado pasar, como digo yo. El embarazo en sí ha ido de maravillas; lo que me tiene agotada es el resto: el tener que escuchar la opinión y los consejos de todo el mundo (y poner cara de "gracias, qué buena idea") y tener que dar la misma información una y otra vez (sí, me he sentido bien; no, no he tenido antojos). Paciencia, Aurora, paciencia, que esto no se acaba con la llegada del bebé: es sólo el comienzo. Después vendrán las sugerencias desde cómo vestirlo hasta cómo educarlo.

Uno de los consejos que me ha llegado por varias fuentes es el famoso Baby Mozart. Que me compre un cinturón con parlantes para que el bebé escuche música a través de la panza,
que hay que estimularlo antes de que nazca, que los niños que escuchan Baby Mozart son más inteligentes, etc. Fue tal la insistencia que terminé echándole un vistazo (¿o una oída?) al famoso CD. Decepción total. Son melodías simplificadas, algo así como una versión musical de los Teletubbies. ¿Acaso los bebés son incapaces de asimilar melodías más complejas?

Lo peor de todo es que hay más: Baby Bach, Baby Beethoven y hasta Baby Vivaldi entre otros, todos de la serie Baby Einstein (de Disney, por supuesto). Negocio redondo. Los primeros CD salieron hace unos 15 años, por lo que me imagino que ya existe una generación de genios adolescentes que recibieron estimulación temprana con música clásica. Seguro son los mismos que ahora aprenden a tocar cualquier instrumento usando Wii.

No discuto los beneficios de la música en niños y adultos, lo que me molesta es la comercialización de ideas antiguas, modificadas (para mejor o peor), que las presentan como nuevas para embaucar a padres ingenuos. Al menos nadie me ha sugerido comprar estas almohadas... del terror. Mientras tanto, capaz que use una melodía de Mozart para mi celular. Quién sabe, en una de esas mi coeficiente intelectual aumenta con cada llamada.



domingo 12 de abril de 2009

La mejor pregunta

Desde que hicimos pública la noticia de que estamos esperando a nuestro primer retoño, me han llenado de preguntas, como por ejemplo: ¿cómo te has sentido? ¿ya saben si será niño o niña? ¿han pensado nombres? etc. Pero lejos la mejor pregunta, ganadora de todos los premios, ha sido: ¿y viajarás a Chile para tenerlo acá? Desconcertante, por decir lo menos.

Si alguien me puede explicar la lógica que se esconde detrás de esta pregunta, que lo haga ahora mismo, por favor.

Seguro voy a gastar unos 1.500 dólares en un pasaje para subirme a un avión con ocho meses de embarazo (después no dejan), soportar 17 horas de vuelo en clase turista, llegar a Chile para empollar otro mes, pagar una fortuna en gastos de hospital (después de casi 7 años fuera del país hace mucho rato que no tengo cobertura médica), para luego tener que quedarme otro tanto esperando que salga el pasaporte para el baby, tramitar la visa a Canadá del nuevo integrante y volver... otras 17 horas en avión con un recién nacido, de lujo. Entre tanto, podría mandarle una postal a Delta para que conozca a su primogénito por fotos (porque jamás en la vida podría tomarse todo ese tiempo de vacaciones).

Dicen que el embarazo está dentro de los 10 eventos más estresantes en la vida de una persona, ya entiendo por qué.

viernes 27 de marzo de 2009

Eventos

Hace tiempo que no escribía; no por falta de ganas, sino por exceso de eventos. Quería escribir sobre el viaje a Chile: de la tormenta que casi no nos deja llegar; de lo estresante que fue estar allá para las fiestas de fin de año (un tráfico de locos, compras a última hora y gente corriendo de un lado a otro), de lo cambiado que está Santiago, de lo rico que fue volver a Valparaíso; de lo poco que vimos a la gente para todo el tiempo que estuvimos y de lo feliz que me hizo confirmar que los amigos siempre están ahí, a pesar de la distancia y el paso de los años.

De verdad quería escribir, pero apenas volvimos nos atrapó la rutina: una lista interminable de correos en el computador, cuentas por pagar, horarios que cumplir y compromisos sociales.

Así se pasaron las horas, los días, los meses... y ahora cualquier cosa que escriba sobre el famoso viaje va a estar obsoleta. Entre tanto, recibimos un mensaje de la cigüeña anunciando visita para este otoño. ¿Quién le dijo que viniera tan pronto? La noticia nos pilló totalmente de sorpresa, todavía estamos tratando de asimilar la información. Felices eso sí, pero no deja de ser un cambio importante.

miércoles 26 de noviembre de 2008

7:53

- Volví a soñar con él.
- ¿Y?
- Eso. Volví a soñar con él y ni siquiera lo conozco. No lo encuentras raro?
- No sé, yo sueño con gente desconocida todo el tiempo y no me paso rollos.
- Ya van 5 veces en el último mes, el mismo sueño, el mismo escenario. Lo más raro es que lo veo como si fuera una película. Soy espectadora y a la vez parte de ella. Él, con unos jeans gastados, chaqueta de mezclilla y camisa a cuadros, está en el paradero de la avenida principal, esperando el bus en dirección al centro. Mira la hora, son las 7:53 de la mañana. Saca una cajetilla del bolsillo izquierdo de su camisa y el encendedor del bolsillo derecho del pantalón. Enciende un cigarro y espera. Yo llego al paradero y me dice: "Te estaba esperando, tengo algo que decirte."
- ¿Y qué te dice?

- ¡Nada! Ese es el tema. Siempre me despierto en la misma parte.
- Qué fome tu sueño, repetitivo y sin final.
- Sí, eso es lo que me inquieta. A veces es tan real...
- Aurora, ¿te doy un consejo? Deja de darle vueltas al asunto y dedícate a vivir el presente. Cuando era chica vivía soñando con monstruos y te aseguro que nunca aparecieron.

- Buen punto. Ya, mejor me voy a la casa que es tarde. Nos vemos mañana.


***

- ¿Aló, Andrea? Soy yo, me quedé dormida... Sí sé, se alargó mucho la conversa anoche... No te preocupes; estoy tomando un taxi, que en bus no llego nunca. Nos vemos en la oficina más rato, chao.


***

El taxi dobla en la avenida principal y se detiene en la luz roja. En el paradero en dirección al centro no hay más que una persona esperando el bus: un hombre con unos jeans gastados, chaqueta de mezclilla y camisa a cuadros. Enciende un cigarro y espera. Son las 7:53 de la mañana.


miércoles 5 de noviembre de 2008

Expedientes X

En septiembre del 2006 iniciamos el proceso de postulación a la residencia permanente en Canadá y recién ahora, 2 años, 1 mes y 1 día después (sí, parece condena) nos llegó la confirmación de que fuimos aceptados.

El trámite en general no estuvo exento de tribulaciones: malentendidos, repetición de los exámenes médicos (que obviamente no cubre el seguro), pagos que se podían hacer solamente en pesos chilenos depositados en una cuenta en Chile
(just for fun), documentos que no llegaron, cosas que se les olvidó pedir y tuvimos que mandar por FedEx (realmente deberíamos haber pedido un préstamo en un banco de ojos), etc. Pero bueno, ya se acabó. El fin de semana cruzamos la frontera (paseo por el día) y a la vuelta hicimos el proceso de inmigración: se demoró 5 minutos.

Lo más divertido es que siempre pensé que iba a estar tan, tan feliz, que iba llorar de la emoción o algo parecido. Que íbamos a celebrar con una tremenda fiesta... y nada. Firmamos los papeles correspondientes, nos felicitaron y nos desearon suerte en nuestra "nueva" vida, que de nueva no tiene mucho. ¿Unos 6-7 años que llevamos por estos lados? Ya era tarde, me dolía la cabeza con tanto viaje en auto y comida rápida y lo único que quería era llegar a la casa a dormir. La fiesta todavía está pendiente.


miércoles 15 de octubre de 2008

Cortocircuito

Si a Don Quijote se le secó el cerebro (del poco dormir y del mucho leer), a mí se me acaban de freír las neuronas por sobrecarga de información.

Entre el trabajo, los efectos de la crisis financiera mundial, el eterno trámite de la residencia permanente, el viaje a Chile, las compras navideñas, Delta, Kai, mi running clinic y las clases de yoga... ya estoy con ganas de irme a dormir y despertar el 2010, igual que la bella durmiente. O apretar el botón de pausa, si la vida tuviera control remoto.

¿Estresada? Sí. Necesito vacaciones.


jueves 18 de septiembre de 2008

Lunch break

Cosas que se ven a la hora de almuerzo (a través del vidrio de un café chiquitito en el downtown de Vancouver).

Él, de terno oscuro, con una rosa roja en la mano, mira de reojo su reloj con impaciencia; en realidad su vista se concentra en la muchedumbre que circula a esa hora; esperando, buscando ansiosamente, hasta que la ve.

Ella, con un traje negro, anteojos oscuros y sonrisa nerviosa, le hace una seña de lejos y se acerca a paso rápido. Se saludan con un abrazo apretado, que parece durar horas.

Él le da la flor, ella sonríe. Se saca los anteojos y los guarda en su cartera.

Él le toma las manos y se miran largamente sin decir nada. Él rompe el silencio; empieza a hablar, pero ella lo interrumpe: gesticula sin perder la compostura, pero su expresión cambia y se vuelve triste. Él le habla, pero ella se nota ausente. Finalmente, ella le dice algo, él ahora calla. Se abrazan nuevamente, él la besa en la mejilla y se despiden.

Ella abre su cartera, se pone los anteojos oscuros y se aleja, con la rosa en la mano, sin volver la vista una sola vez, hasta que se pierde en la multitud. Recién entonces, él sigue su camino en la dirección opuesta.

Yo, termino mi sándwich y me voy.


lunes 8 de septiembre de 2008

Milagro

Hoy es un día histórico. Después de haber pensado seriamente en correr y haber tirado la esponja sin siquiera intentarlo (por motivos de fuerza mayor), finalmente me inscribí en una running clinic (de 5k); hoy fui a mi primer entrenamiento, corrí por 25 minutos y sobreviví. Al parecer mi estado físico no está tan patético como pensaba. No necesité paramédicos ni ambulancia. Si logro completar el curso voy a hacer una fiesta, de verdad. Sobre todo porque supuestamente tengo que entrenar 3 días a la semana, el curso dura hasta fines de noviembre (cuando llueve, hace frío y está oscuro a las 4 de la tarde) y la verdad es que no me imagino corriendo con lluvia, aunque a estas alturas nunca se sabe. Mientras tanto, veamos si me puedo levantar mañana.

jueves 28 de agosto de 2008

Sushi

Jueves. Hora de almuerzo y con ganas de comer sushi. Una de las cosas buenas que tiene Vancouver es la sobreabundancia de restaurantes japoneses (y en realidad de cualquier cosa). Un "combo" de sushi cuesta lo mismo que uno del MacDonalds, no hay por dónde perderse. Con al menos un restaurante por cuadra, elijo el que queda más lejos, el que tiene más tráfico y por lo tanto se demoran una eternidad en servir (y el doble para traer la cuenta). Y todas las veces que voy, digo: "la próxima vez busco uno más cerca". Y nada, no resulta; siempre termino en el mismo lugar. A veces me sorprende esa manía mía de tropezar dos veces con la misma piedra (o en este caso, con el mismo sushi roll) ¡y a propósito más encima!


jueves 7 de agosto de 2008

Vuelta a la rutina

¿Por qué las vacaciones siempre se hacen cortas? Cuando yo estaba tan feliz disfrutando del calorcito... Pero así es la vida: todo tiene fecha de vencimiento.

Nos fuimos por 1 semana al valle del Okanagan, la región de las viñas, el desierto y el Ogopogo. Aunque no vimos serpientes cascabel (que se supone que hay), vimos un montón de otros animales. Nos bañamos en el lago y por fin tomamos un poco de color de verano.

Algunas anécdotas del viaje:

  • Arrendamos un Toyota Corolla por 1 semana y, cuando lo fuimos a buscar, nos dieron un Buick Allure de este año, con menos de 1000 km de uso. Eso se llama acampar con estilo.
  • Empacamos la cocinilla y se nos olvidaron las ollas (tuvimos que comprar una por ahí).
  • Compramos un pack de 8 cervezas para los primeros días y nos duraron para todo el viaje.
  • Nos levantábamos todos los días entre las 6 y las 7 de la mañana, sin despertador.
  • Hicimos unas pizzas a la leña deliciosas.
  • Me hice fanática del beef jerky (una especie de charqui).
  • Compramos muchas guindas, melones, duraznos, ciruelas, choclos... y unas 6 botellas de vino.
  • El broche de oro: a la vuelta hicimos una parada en Harrison Hot Springs y nos bañamos en la piscina termal.
¿Cuánto falta para el próximo paseo?


Foto: vista del lago Okanagan desde una de las viñas en Naramata, BC, Canadá.


jueves 24 de julio de 2008

Nos vamos

Ollas, fósforos, avena y leche en polvo. Días calurosos, tardes frescas. Amaneceres y puestas de sol. Noches sin luna y fogata, estrellas al alcance de la mano. Conversaciones eternas con un buen vino. Bloqueador, spray anti mosquitos. Un libro, tal vez dos. El tiempo avanza a su propio ritmo. El resto del mundo no existe.
Nos vamos de camping por 1 semana.


lunes 14 de julio de 2008

En caso de emergencia

Cuando cumplí 18 mi papá insistió en que sacara mi licencia de conducir, aunque sabía que encontraba estresante manejar en Santiago. Con argumentos como "es mejor saber", "te puede ser útil en caso de emergencia", etc., seguí su consejo y la saqué. Nunca manejé mucho, porque encontrar estacionamiento ya era todo un desafío (con un Chevrolet Malibu del '76) y las únicas emergencias que tuve ocurrían después de las fiestas, cuando me convertían automáticamente en chofer designado para el transporte de amigos con altos niveles de alcohol en el cuerpo. Para eso, mejor la micro o el taxi. Ya venció hace un par de años y no la renové.

Hace algún tiempo empezó la presión social para que me comprara un celular. "Así te podemos ubicar", "cómo es posible que Delta tenga uno y tú no", "te puede ser útil en caso de emergencia", etc., hasta que finalmente caí. Compré uno bien básico, sin bluetooth ni nada parafernálico, le di mi número a un círculo reducido de personas y lo mantengo con tarjeta de prepago. Mis emergencias habían sido bien básicas, del tipo "estoy en el supermercado, qué quieres que lleve", "voy llegando", "dónde están"... hasta ahora. Hoy tuve mi primera emergencia real y puedo decir que el celular me salvó. De verdad.

Estaba en la oficina, sexto piso de un edificio en el centro, cuando de pronto ¡paf! se cortó la luz. Se apagaron los computadores, todas las luces, y tuvimos que evacuar el edificio. Por alguna razón, el generador de emergencia no estaba funcionando y al llegar a las escaleras estaba todo oscuro, como boca de lobo. No se veía nada, ni puerta, ni peldaños, ni el resto de la gente, nada. Y ahí estábamos, sin linterna, queriendo bajar. De pronto, alguien tuvo una idea brillante: "usemos los celulares para alumbrar el camino". ¡Excelente! La luz de la pantalla bastaba para ver los escalones y llegamos al primer piso sin problemas. El corte de luz tenía para rato y nos mandaron a la casa. Me fui feliz, pensando en lo que haría en mi tarde libre, y feliz también de haber usado mi celular en una emergencia real. ¡Es extremadamente útil! No sólo sirve para hacer llamadas, también se puede usar como linterna.

jueves 12 de junio de 2008

El destino

Con las ganas que tenía de empezar a correr, eso que no me gusta. No importa. Me había hecho la idea, había reclutado a otra amiga que piensa igual que yo. Lo teníamos todo planeado: nos íbamos a inscribir en un sitio que queda cerca de la playa, como para tener motivación adicional; nos íbamos a dar ánimo mutuamente, obligándonos así a ir a todos los entrenamientos. Todo iba a ser perfecto.

Un buen día, a semanas de empezar nuestra aventura, ella decide jugar fútbol sin zapatos y ¡zaz! se quiebra un dedo del pie. Mala pata, literalmente. El dedo hinchado, dolor al pisar, etc. Las posibilidades de salir a correr se reducen a la mitad (el otro 50% soy yo). Entonces, en un acto de valentía máxima, decido que no importa, que también puedo ir sola, que no es tan terrible, que ya estoy grande para depender del resto... En eso estaba cuando me da un resfrío casi fulminante, con bronquitis incluida; apenas podía caminar sin que me faltara el aire, menos salir a correr.

Después de esto, aprendí que nadie me obliga a nada. Si no me gusta correr, no lo hago y punto. Delta tenía toda la razón cuando lo invité a participar en este curso y me dijo desde un principio "sólo si hay perros". ¿Cómo así?, pregunté. Y su respuesta fue: "Sólo si hay perros que me vienen persiguiendo; de otra forma, no corro". Para el bronce.


martes 3 de junio de 2008

Motorizados

Compramos auto. En realidad, compramos varios: una flota de 225, automáticos, nuevecitos; no hay que pagar bencina, seguro, ni mantención. Este fin de semana sacamos la minivan y de pronto el próximo sábado salimos a pasear en el Mini Cooper. ¿Arriendo? No. Mejor que eso. Nos hicimos miembros de una cooperativa (en realidad sólo David; yo todavía tengo que renovar mi licencia de conducir... trámite pendiente desde el año pasado).

La participación cuesta $500; es un pago único que se recupera al dejar la cooperativa. El uso del auto s
e paga por kilómetro y por hora. Si durante un mes no se usa, entonces no se paga nada. Lo único que se necesita es un poco de organización, porque hay que reservar (por teléfono o en línea). ¿Cuál es la ganancia? Para ellos, ninguna en especial: es una cooperativa sin fines de lucro. Para nosotros, significa tener acceso a autos de todas las formas y colores según sean nuestras necesidades (autos, minivans, convertibles, híbridos y hasta camiones chicos para hacer mudanzas); al ser compartidos, disminuye el impacto al medioambiente (menos autos circulando).

Eso sí, no es para todos. A nosotros nos conviene porque estamos cerca de la universidad y el trabajo y no necesitamos un auto para movilizarnos diariamente. Vancouver es caminable y pedaleable; el transporte público funciona, por lo que el auto queda para hacer paseos fuera de la ciudad y uno que otro trámite. ¿Qué mejor?


miércoles 7 de mayo de 2008

Y aquí vamos de nuevo

Por lo general, termino lo que empiezo. Que tenga continuidad en el tiempo es otra cosa.

Hace un par de años empecé a jugar fútbol. Se armó un grupo bien entretenido, entrenábamos los sábados en la mañana. Durante el verano jugábamos al lado de la playa y hacíamos un asado después del partido. Para haber empezado de cero, se notó el progreso al final de la temporada. Estuve en eso 1 año y después no volví. (Al menos no al partido, sí a los asados del verano).

Hace algún tiempo empecé con clases de yoga. Tenía un cupón para 1 semana gratis que finalmente me decidí a usar. Desempolvé una colchoneta que me había comprado el año pasado y que con suerte usé dos veces; leí cuanto libro encontré sobre los distintos estilos de yoga. Cuando terminó la semana compré un pase por 1 mes. Fui casi todos los días, incluidos los fines de semana. Me gustaba, pero cuando se acabó el mes no quise renovar.

Ahora encontré un lugar donde ofrecen "clínicas" de entrenamient
o para corredores. No me gusta correr, pero tal vez se debe a que no tengo la técnica. Convencí a una amiga y vamos a partir de cero. Supuestamente, al final de las 10 semanas que dura el curso seremos capaces de correr 5 kilómetros como si nada. Y en eso estoy ahora, convenciéndome de lo bueno que es hacer deportes, de lo importante que es dominar la respiración, el ritmo, etc. Y así, quién sabe... de pronto retomo el fútbol y capaz que hasta el yoga, para estirar los músculos.

En 1 mes más empiezo a correr, termino en agosto. Ya veremos qué pasa después.

martes 11 de marzo de 2008

Invierno "de verdad"

El fin de semana nos fuimos a Toronto, al matrimonio de unos amigos. Ya habíamos estado el año pasado en el verano. En esa oportunidad aprovechamos de visitar las Cataratas del Niágara, subir a la CN Tower y dar vueltas por la ciudad; ahora nos tocó ir en pleno invierno, cosa seria.

Mientras en Vancouver estamos con 10ºC y solcito, allá todavía tienen temperaturas bajo cero y mucha nieve. De milagro no nos pilló la tormenta el día del viaje, ni de ida ni de regreso, pero sí nos tocó el día del matrimonio. Ciudad grande, con carreteras que conectan a otras carreteras, apenas se veía el auto de adelante. El día anterior habíamos estado dando vueltas por el centro, bajo tierra eso sí, por el PATH, una red de 27 kilómetros de túneles peatonales que conecta centros comerciales con estaciones de metro, cines, edificios de oficinas, etc. Es la red subterránea más grande del mundo. Es que claro, con el frío que hace...

Cuando aterrizamos en Vancouver estaba lloviendo, no mucho; después se despejó. No hacía frío. En la tarde salí a comprar, en buzo y zapatillas, con una chaqueta encima. Si alguna vez pensé que quiz
ás sería interesante pasar un tiempo en la costa este de Canadá, retiro lo dicho. Me quedo con los inviernos oscuros y lluviosos de Vancouver pero con temperaturas decentes. Y a estas alturas ni me preocupo, porque ya se nota el aire de primavera; en Toronto tienen invierno para rato.

Foto: manejando en Toronto. Delta al volante y yo haciendo de TomTom.


lunes 3 de marzo de 2008

3 de marzo

De casualidad me acordé que un día como hoy, hace muchos, muchos años (el '85) experimenté mi primer terremoto. Fue un día domingo, al final del verano, cuando ya la entrada a clases era inminente. Tenía 9 años. El remezón no me asustó, tampoco las réplicas. Con mi hermana hasta las disfrutábamos. En el colegio hacían "operación Deyse" casi día por medio y era la felicidad máxima cuando estábamos en medio de una prueba porque teníamos que salir igual (Por mucho tiempo pensé que se llamaba "Daisy", como la novia del Pato Donald. Después supe que era Deyse... de evacuación y seguridad escolar).

El día del terremoto lo pasé con mi familia, estábamos en el pueblito de los Dominicos, a punto de irnos, cuando se siente un ruido subterráneo y se empieza a mover el piso, cada vez más fuerte. Se empezó a hacer una grieta en la iglesia y me preguntaba si se iría a partir en dos, o si se abriría la tierra y nos caeríamos adentro, pero no pasó nada. El verdadero drama ocurrió cuando volvimos a la casa y nos pateó el olor a bar: mi papá estaba al borde del llanto porque sus preciados licores de miles de años de antigüedad se habían venido al suelo. Siempre me pregunté qué ocasión habría estado esperando para abrirlos.

Algunas personas decían que el terremoto se veía venir, que no deberíamos haber ignorado las señales, que cada cierta cantidad de años ocurre uno. ¿Sacábamos algo con saber de antemano si el remezón iba a venir igual "uno de estos días, pero no se sabe exactamente cuándo"?

Con el tiempo experimenté otros temblores, terremotos y réplicas a nivel personal, con grietas y parches incluidos. Aunque se vean venir uno nunca está 100% preparado.

Las cosas han estado tranquilas por ahora. Si realmente son cíclicos, me pregunto si ya será hora de que ocurra otro.
Todavía no me asustan, pero por alguna razón no puedo dejar de pensar en la colección de vinos que estamos armando con Delta, si vale la pena guardarlos indefinidamente o si la próxima fiesta es suficiente excusa para abrir una botella. Yo creo que sí. Total, siempre se puede volver a empezar.


sábado 2 de febrero de 2008

Día de la marmota

Como cada 2 de febrero en Punxsutawney, Pensilvania, y tal como se ilustra en la excelentísima película con Bill Murray, la marmota Phil dio el pronóstico del tiempo: salió de su cueva, vio su propia sombra y se volvió a esconder (¿sería pánico escénico?). Segun eso, todavía quedan 6 semanas de invierno.

Tremenda novedad... era cosa de mirar por la ventana.


Foto: Vancouver, vista desde Cypress Mountain.

lunes 7 de enero de 2008

Promesas rotas

31 de diciembre, 12 de la noche. Cada año nuevo, y supongo que como resultado de una noche larga y alcoholizada, la gente se dedica a elaborar una larga lista de propósitos para el año que comienza. Por ejemplo: empezar una dieta, ir más al gimnasio, dejar de fumar, beber menos alcohol... todas ellas promesas nobles y bienintencionadas pero que en la práctica son casi imposibles de cumplir.

Si bien esta tradición de prometerse cosas a uno mismo nunca me había llamado la atención, este año decidí elaborar mi propia lista, más realista eso sí.

Para empezar, me hubiera encantado prometer que este año me vuelvo vegetariana (sólo por diversión), pero después de toda una vida carnívora habría sido demasiado; decidí entonces tratar de eliminar el consumo de carnes rojas. Supongo que es una opción saludable. Siguiendo con el espíritu de año nuevo prometí renovar el pase para el gimnasio por 1 año completo; hacer una excursión de varios días (con mochila al hombro y carpa) en el verano; comer menos chocolate; leer más.

1 de enero: comimos "lumami" del día anterior, que incluía carne de cordero al horno (mmm). No fui al gimnasio porque necesitaba recuperarme de la trasnochada.
2 de enero: comí tallarines con salsa de carne (¡pero nada de chocolate!). Tampoco fui al gimnasio, me dio frío pensar en salir de la casa.
3 de enero: venció mi pase para el gimnasio.
4 de enero: comí chocolate y lo disfruté.
5 de enero: no fui al gimnasio porque no tengo pase.
6 de enero: decidí que no voy a renovar el gimnasio hasta que llegue el verano, al menos así tengo más tiempo para leer.

Dicen que la mayoría de las personas abandona al menos un tercio de las promesas de año nuevo al cabo de 1 semana. Yo no fui la excepción.


jueves 27 de diciembre de 2007

Flashback

Otra vez diciembre en el hemiferio norte. Cerca de algunos, lejos de muchos otros, idealizando cosas que nunca fueron y pensando que todo tiempo pasado no fue necesariamente mejor.

Me visitó el espíritu de las Navidades pasadas y, haciéndome la valiente, esta vez me atreví a mirar: me mostró las cosas tal como fueron, en su contexto, en su minuto; las cosas hechas, desechas y las que nunca alcancé a hacer. Lo que había olvidado y lo que siempre voy a recordar. Y vi mi pasado desde afuera, como una película, y no me espanté.

Y aunque lo que escribo suena nostálgico, esta Navidad no lo pude haber pasado mejor. Porque me desligué del pasado para disfrutar el presente, con un grupo de amigos (y amigos de los amigos) que son como familia. Porque esa noche, estando todos juntos, compartimos el sentimiento de estar lejos; comimos rico, intercambiamos regalos, hablamos de tradiciones, de olores y sabores. Recordamos nuestra infancia y me reí al descubrir que la rana René se llama Gustavo en España y que Capitán Futuro se conoció como "Capitaine Flam" en Francia.

La nostalgia real vino algunos días después, cuando alguien me preguntó cómo pasábamos el Año Nuevo en Chile. Y me acordé de tantas cosas, del puerto, del verano, de los fuegos artificiales, de brindis con champaña y vasos de plástico, de los amigos, de las lentejas, del abrazo de las doce, de las fiestas masivas en Santiago, de bailar hasta el amanecer, de tomar desayuno en alguna bencinera (el mercado siempre estaba lleno) y dormir siesta el resto del día.

Mientras recordaba, miré por la ventana: en Vancouver son las cuatro de la tarde, está oscuro, lloviendo y hace frío. El 31 celebraremos con Delta y algunos amigos; no tendremos una fiesta eterna, pero seguro lo pasaremos bien. Porque estamos aquí y no allá, porque es invierno aunque al otro lado sea verano. Porque tengo que vivir el presente donde sea que esté. Porque ya asumí que vivo en mundos paralelos, con tiempo warp, agujeros negros y nebulosas. Y no tengo cómo disociarlos, no puedo (ni quiero) cortar ninguno de los dos.

A veces los flashbacks son necesarios, aunque a veces sólo sirvan para quedarse escribiendo hasta la hora del queso y llegar al día siguiente a trabajar en piloto automático.


sábado 8 de diciembre de 2007

Navidad

Se viene otra Navidad, aunque por la decoración en las calles, los malls llenos, las campanitas y los villancicos repetidos sonando por todas partes, tal vez debería decir que ya estamos en plena "vorágine navideña".

Apenas se acabó Halloween las vitrinas cambiaron las telarañas y fantasmas de papel por girnaldas rojas y verdes; hace un par de semanas fue el desfile de Navidad en el centro, con el señor Claus como protagonista, y a estas alturas la gente camina por las calles en piloto automático, con lista en mano, buscando el regalo perfecto para casa persona. El consumismo en su máxima expresión. Creo que eso es lo que me tiene agotada, al menos mentalmente. La época de dar y recibir... ¿no sería mejor cambiar la idea a "compartir"?

Para esta Navidad no quiero nada, de verdad. No me interesa el regalar por regalar. Aunque pensándolo bien, un buen cola de mono no me vendría mal, ojalá bien cargado al aguardiente para sobrevivir estas fiestas. Y para acompañar, ya hice un pan de pascua con una cantidad de licor increíble, que si le acerco un fósforo seguro se incendia.

Jo, jo, jo.


jueves 22 de noviembre de 2007

Dieta (¿qué es eso?)

Ante la triste realidad de que estamos recién en noviembre y los pantalones ya me están quedando apretados, tuve que tomar medidas drásticas: me puse a dieta. Nada muy elaborado, por lo general me basta con eliminar el azúcar (léase chocolates) y aumentar las visitas al gimnasio. Claro que cada vez que digo "dieta", Delta se ríe en mi cara, porque sabe que mi fuerza de voluntad de fuerte no tiene mucho y, según él, sin chocolate me pongo de mal genio. Aquí relato el progreso.

Día 1:
Empiezo el día con cereales en vez de mi clásica leche y pan con Nutella. Voy al gimnasio, no como chocolates en todo el día: misión cumplida.

Día 2:
Sigo sin comer chocolates, he logrado ir al gimnasio por dos días seguidos, eso que está lloviendo.

Día 3:
Tercer día y afuera está diluviando. No he comido chocolates, punto a mi favor. Desde la comodidad del sofá veo un programa sobre una mujer que baja 5 kilos con un personal trainer. Me agoté de mirar tanta actividad física y no voy al gimnasio.

Día 4:
Salgo en la mañana con temperaturas bajo cero, con ganas de tomarme un chocolate caliente que cambio por un té por la estúpida dieta. En la tarde alguien me ofrece chocolates rellenos con licor (vicio al cuadrado) y no puedo decir que no. (Uno no es ninguno). Después del trabajo, al gimnasio.

Día 5:
Los pantalones ya no me aprietan, en una de esas me puedo dar un gusto. Llegando a la casa revuelvo la despensa y encuentro la Nutella... mi perdición. Empecé con 1 inocente cucharadita y después seguí emparejando. Se fue la mitad del frasco. (Y no, no fui al gimnasio).

Día 6:
7 de la mañana, 3 grados bajo cero, afuera todo está blanco de escarcha. ¿Y yo sin chocolates? ¡Ja! Me tomo un chocolate caliente en la mañana, me como una barra de chocolate en la tarde y si voy al gimnasio da un poco lo mismo, tendría que correr una maratón.
A estas alturas, mejor hago como el resto de los mortales y "después de Navidad me pongo a dieta".


jueves 4 de octubre de 2007

He visto la luz

Desde hoy mi vida es distinta, porque creo. Un milagro me ha devuelto la fe y las ganas de seguir adelante. Hoy entendí que nada es imposible, que todo se logra con perseverancia, sobre todo si existe la confianza en un ser superior. Las barreras ya no existen, el camino se abre ante mí.

Desde hoy creo... en los santos en la corte.

Gracias por favor concedido.


lunes 1 de octubre de 2007

Me enojé

Hacer papeleos en persona es demoroso, pero dejar un poder para que otra persona los haga por uno, es peor. Cuando me vine de Chile me preocupé de dejar un poder absoluto a mi mamá. ¿Qué significa? Que mi mamá puede hacer lo que le dé la gana en representación mía: abrir y cerrar cuentas bancarias, pedir préstamos, vender, comprar, ... y pedir documentos. Obvio.

Bueno, a lo mejor no tan obvio. A continuación, el diálogo (más o menos como me lo contaron):

-Buenos días señorita, necesito sacar la hoja de vida del conductor para esta persona, tengo un poder.
-A ver... no, no le sirve este poder.
-¿Cómo que no, si es absoluto?
-No, lo que pasa es que es del 2006, ya está vencido.
-¿Vencido? ¿Dónde dice eso?
-Da lo mismo, igual duran 1 año. Mejor dígale a esa persona que venga a retirar el documento con su carnet.
-¡Pero si no está en Chile! Por algo tengo el poder.
-Ah, entonces dígale que lo pida en el Consulado.
-En el Consulado no lo tramitan, tiene que ser en Chile.
-Lo siento, no se lo podemos dar sin una autorización por escrito. En todo caso, ¿para qué quiere la hoja de vida del conductor si no va a manejar?
-Porque se lo piden allá, si no, no estaría haciendo este trámite por gusto...

Resultado final: todavía no consigo el papel. Y para completar la ironía, el gobierno tiene un sitio Web que se llama "Trámite fácil". Creativo el nombre. Si a alguien le resulta, que me avise. Lo que es yo, todavía me río.


lunes 3 de septiembre de 2007

Casa tomada

Dicen que lo mejor de las visitas es que tienen fecha de vencimiento: cuando uno menos (o más) lo espera, se van. También dicen que la gracia está en buscarles un colchón lo suficientemente cómodo como para que no queden con dolor de espalda, pero nunca tanto como para que se queden por tiempo indefinido. Sabiduría pura.

Después de casi cinco años en Vancouver, por fin alguien de la familia decidió darse una vuelta por estos lados. Durante tres semanas tuvimos a mi hermana y a una prima en nuestra casa: de dos pasamos a ser cuatro y se notó el cambio. ¿Mencioné que tenemos un solo baño? Todo aumentó al doble: la cantidad de comida en el refri, los platos sucios, la bulla... pero también la diversión. Salimos a bares, de compras, hicimos fogatas en la playa, las noches se hacían cada vez más cortas. Paseamos, todos juntos y por separado, cocinamos rico. Mientras tanto, yo tenía que trabajar en la semana (por suerte existe el café). Los días también se empezaron a acortar.

Hasta que llegó el día en que se fueron. No sé cómo les cupo todo en las maletas, debe ser parte de la magia de los viajes. Cuando volvimos del aeropuerto la casa estaba tan vacía y silenciosa que dormimos una siesta eterna. Y a pesar del caos, del desastre en la cocina, las peleas para ocupar el único baño, y las discusiones eternas para ponernos de acuerdo, al final, las visitas igual se echan de menos.


miércoles 25 de julio de 2007

Servicio de (in)utilidad pública

Necesito con suma urgencia una lobotomía o algún tipo de Ciruelax mental.

Mi cerebro está a punto de colapsar. Ya no doy abasto con tratar de arreglar el mundo y pensar en asuntos que no tienen solución, o al menos cuya solución no está en mis manos.

Últimamente me he dado vueltas en hipótesis inútiles y he gastado energía en ideas que no están claras ni siquiera en mi propia mente. Tal vez necesito un archivador nuevo, o resetear el disco duro. Tal vez lo único que necesito son vacaciones. O pensar menos. O postular a una lobotomía. O conseguir algún tipo de Ciruelax mental.

Foto:
Clip Art Gallery on DiscoverySchool.com

martes 17 de julio de 2007

Abducción

No es la primera vez que ocurre. Ya me habían advertido que no sería la última visita. "No deberán pasar más de tres meses", dijeron en ese entonces, pero me las ingenié para desaparecer por más tiempo. Me buscaron, eso lo sé. Me escondí, los esquivé, crucé los dedos para que me olvidaran, pero un año después el encuentro fue inevitable.

Abrí los ojos y no podía moverme. Estaba recostada en una especie de camilla y lo único que veía era esa luz amarillenta y enceguecedora. La misma habitación, la misma luz y los mismos seres extraños.

Por más que trataba, no podía hablar. Ellos me miraban con sus ojos alargados y oscuros y se comunicaban conmigo de alguna forma telepática. Sentí un pinchazo. "No sentirás dolor", afirmó el que parecía ser el jefe, mientras me metían un tubo por la boca.
Hablaban un idioma extraño entre ellos y sus dedos brillaban como si fueran de plástico. "Tenemos que terminar lo que empezamos", dijo, y yo sabía a lo que se refería.

Empezó el ruido. Un sonido agudo, insoportable, interminable, parecido al que hacen las uñas rasguñando el pizarrón. El ruido, la luz amarilla y los ojos rasgados, eso era lo único que alcanzaba a percibir. Nunca supe qué instrumentos usaron ni cómo los usaron, tampoco me interesa saber. El ruido sigue, constante, penetrante, como si me taladraran los oídos. El mismo ruido de la última vez, el mismo ruido que me hizo arrancar.

De pronto, silencio. Por fin se acabó. Me puedo mover. Terminó la pesadilla.

- Listo Aurora, ya era hora de cambiar la tapadura, no iba a aguantar mucho más. Nos vemos en un año entonces, para el control y una limpieza dental.
- De todas maneras, doctor Chiang, hasta el próximo año.


martes 19 de junio de 2007

Almuerzo sorpresa

Hoy me junté con una amiga. Me pasó a buscar en la tarde (en realidad tipo 2) y nos fuimos a la playa para disfrutar del primer día soleado en mucho tiempo. "Preparé almuerzo para las dos", me dijo mientras sacaba una bolsa de papel.

La sola idea de no tener que cocinar ya me agradaba. Yo fantaseaba con sándwiches rellenos de jamón y queso, salame, atún, estilo Subway, vegetarianos, cualquier cosa. A esa hora ya tenía hambre.
Abrió la bolsa, me pasó un sándwich y resultó ser de... ¡mantequilla de maní y mermelada! Primera vez (y probablemente la última) que pruebo uno. ¡Qué decepción! No era malo, pero tampoco me encantó. Ni dulce ni salado, a medio camino, me hizo recordar mis colaciones experimentales cuando estaba en el colegio, esos sándwiches de jamón y miel o de mermelada y queso, que los hacía únicamente para comprobar que algunas combinaciones simplemente no pegan ni juntan.

Y ahí estaba yo, en el medio de la playa, comiendo un sándwich tan extraño (en todo sentido), poniendo cara de "qué rico" y pensando que la próxima vez que me toque llevar almuerzo tal vez aparezca con un pan con manjar. Eso sí, con mantequilla de verdad.


lunes 11 de junio de 2007

Monolingüe

Es lunes. Mi despertador suena temprano, cerca de las 7 am. Lo apago y estiro el sueño por algunos minutos. Todavía estoy agotada del fin de semana. Como nunca, tuvimos visitas de todas partes. Como nunca, una de las visitas se quedó a alojar. Y como nunca, el centro de reuniones fue en nuestra casa durante dos días seguidos. No sabía que éramos tan populares, claro que después la popularidad nos pasó la cuenta: el domingo tuvimos la energía suficiente para reptar desde la cama al sofá y no nos movimos más; hicimos claustro, ni siquiera contestamos el teléfono.

Por fin abro los ojos. Ya han pasado 20 minutos como si nada. Me levanto en piloto automático y dejo preparando café mientras me voy a la ducha. Salto en la ropa, tomo desayuno y empieza mi día. A tropezones eso sí y, lo peor de todo, monolingüe. ¡Se me olvidó el inglés! O al menos eso parece. Cada vez que me toca interactuar con alguien me piden repetir unas tres veces lo que acabo de decir. Ya ni siquiera puedo deletrear mi nombre en inglés, me patina la combinación "th" y las palabras con pocas vocales se vuelven impronunciables. ¿Qué pasó con la parte del cerebro que controla los idiomas? ¿Será que las neuronas también anduvieron de fiesta y todavía están dormidas? ¡Despierten ahora, que tengo que trabajar!

Nada. Se me siguen cruzando las letras; el español está perfecto, es con el inglés la cosa. Involucioné a monolingüe. ¿Volverán a la vida mis preciadas neuronas? ¿Son inmunes al café? Ojalá pase pronto el efecto para poder ver la película de la noche, que a estas alturas necesito subtítulos.


sábado 26 de mayo de 2007

La vida (al menos la mía) sigue igual

Mi vida ha estado de lo más fome. Tan fome, que el otro día se cayó Internet y me dio lo mismo (en otra ocasión habría estado con ataque de pánico).


Lo único nuevo es que tenemos una familia de ardillas viviendo en el techo. Ya he visto a cuatro, dos grises y dos negras, capaz que sean más. Por suerte instalamos paneles con malla en las ventanas, que el año pasado entró una a la casa y fue un verdadero espectáculo sacarla. Mientras tanto, Kai (nuestro gato) tiene entretención asegurada para todo el verano.

Aparte de eso, todavía no he podido inaugurar la temporada de bicicleta porque un día hay sol y al día siguiente llueve. De la temporada de piscina, ni hablar, aunque casi me alegro porque con lo largo que ha sido el invierno y con todos los frascos de Nutella que he comido no sé si me atrevo a ponerme bikini.

De puro aburrida busqué mi carta astral gratis en Internet y hay un párrafo que se repite varias veces en mi predicción para lo que queda del año, dice así: "Su mente vaga por lugares lejanos, y su imaginación está repleta con pensamientos de lo exótico, lo místico, y lo fantástico. Usted se siente inquieta y aburrida con su rutina cotidiana. No puede concentrarse en asuntos ordinarios, y podría encontrarse a sí misma soñando de día. Este es un buen momento para viajar e ir de vacaciones". Sin comentarios.

Foto: ardilla invasora en nuestra casa, verano de 2006.

domingo 13 de mayo de 2007

Nuevo integrante

El fin de semana pasado fuimos a la Protectora a mirar gatitos. No pensábamos adoptar ninguno ese día, pero llevamos el formulario de adopción por si acaso. Queríamos uno con tantas características específicas que era casi imposible encontrarlo.

Y de tanto buscar, ahí estaba: un gatito que nos miraba a través de una puerta de vidrio. Fue amor a primera vista y después de llenar y firmar los papeles correspondientes, lo llevamos. Es macho, de color naranja-café clarito, tiene aproximadamente 1 año y le pusimos Kai. Es regalón, bueno para conversar, sociable, se portó excelente en su visita al veterinario y ni siquiera reclamó durante el trayecto.

Delta está feliz. Le hace cariño, juega con él, le conversa (y Kai responde en su lenguaje gatuno). El otro día me fui a acostar temprano y cuando todavía no me quedaba dormida escucho que Delta dice: "Kai, tu mamá está durmiendo" y me reí sola.
¡Soy madre! Y recién ahora me doy cuenta.


viernes 4 de mayo de 2007

Mire aquí y no parpadee

Insisto, no creo que sea casualidad. Los del Registro Civil deben tener un código especial que les exija arruinar la foto de cualquier documento de identidad. Porque nadie pide milagros, ni fotos trucadas que borren las arrugas, que adelgacen, que quiten años de encima o que muestren sólo el mejor lado. No, al menos yo, lo único que pido es que la foto salga lo más parecida posible al modelo real.

Ahora, con los avances de la tecnología, si a uno no le gusta la foto se puede repetir la toma. Ah, la era digital. Pero como en todo, nada puede ser perfecto.

La semana pasada fui a renovar mi pasaporte. En la pantalla me veía bien,
considerando el "no sonría", pero parece que el encargado de imprimirlo no calibró bien la impresora, estaba corto de algunos colores o no sé qué (y obviamente le dio lo mismo), pero la cosa es que cuando me lo entregaron y vi la foto... casi me morí. En realidad no era yo, era un personaje de caricatura que tenía mi nombre, con la cara NARANJA y más encima con una mancha blanca en la frente. Si parezco la hermana de Enrique, de Plaza Sésamo. Qué horror. Y claro, como les gusta ahorrar, usaron esa misma foto para mi carnet de identidad. ¿Qué pasó con el control de calidad?

Firmé el papel que decía "Recibí conforme" y me fui, aunque de conforme, nada. Y bueno, ¿qué otra opción tenía? ¿Decir "no me gusta la foto, hágalo de nuevo"? Seguro que podía hacerlo, previo pago del trámite completo para que ahora quizás saliera con la cara azul. Ojalá que de aquí a 5 años inviertan en una impresora decente (o en empleados con criterio que sepan cuándo repetir la impresión).

Anótese, comuníquese y publíquese, o guárdese en un cajón para siempre.


martes 24 de abril de 2007

Decisiones

Un amigo cumplió 30 y a los dos meses se compró un departamento. ¿Por qué lo hizo? Porque era lo que "había que hacer". (Obvio, a esta edad hay que tomar responsabilidades y pensar en el futuro). Queda lejos, se necesita auto, el viaje en bus desde nuestra casa es de 1 hora. No tiene novia, polola, ni siquiera amiga con ventajas, pero anda buscando esposa. Y ojalá con eso vengan los hijos, porque claro, a los 30 ya debería tener su vida resuelta. Le gustaría tener un perro, pero tiene que ser uno que se lleve bien con su futura novia y que sea amistoso con los niños (que todavía no tiene). Se comporta como viejo, con frases como "ya no estoy para estos trotes" y se va temprano de las fiestas.

Y da lo mismo lo que uno le diga. Da lo mismo, porque no quiere escuchar. Porque siente que ha tomado las decisiones correctas, que ha habido un progreso en su vida y que el resto llegará, a su tiempo.

Por otro lado se espanta de ver c
ómo nosotros tenemos una cuenta de ahorros para viajes (y nada más), que no tenemos auto ni intenciones de comprar uno en un futuro cercano y menos planes de comprar un departamento. Las prioridades de cada uno son distintas.

Por eso me cansa escuchar cátedras, discursos, sugerencias o consejos gratuitos sobre cómo deberíamos vivir nuestras vidas: ¿por qué no tienen hijos?, ¿por qué no compran un auto?, ¿por qué no se vuelven?, ¿por qué no se quedan?, etc. Ante la falta de "responsabilidades", decidimos tomar una decisión que nos afectará por los próximos años. Lo siento, pero no es un hijo, ellos vendrán después. Y sobre el discurso de que mientras más esperemos más difícil puede ser, lo tenemos más que claro y estamos dispuestos a correr los riesgos.

Mientras tanto, la gran noticia es que vamos a adoptar un gato, los detalles vendrán más adelante. (Y por favor, ahora no pregunten por qué no un perro).

Foto: Delta y yo en una playa del parque nacional Abel Tasman.

martes 10 de abril de 2007

De vuelta en casa

Fuimos a NZ y volvimos. Disfrutamos a concho, pero después de 3 semanas ya era hora de volver. El término de un viaje generalmente se produce cuando hay más ropa sucia que limpia y no existe ni la más mínima intención de lavar (da lo mismo usar los calcetines por tres días seguidos); cuando se acaba la comida y por último, cuando se acaba la plata. A nosotros nos pasó todo junto, agregando que nos vencía el pasaje.

Llegar y volver fue agotador... entre traslados, aviones llenos, conexiones y tiempo muerto en aeropuertos hicimos unas 23 horas (de ida; fueron otras 23 para volver). Igual que un sándwich: lo mejor está al medio, pero sin le sacas el pan no sería sándwich. Cuando los viajes por teletransportación sean una realidad, voy a ser la primera en la fila para comprar mi pasaje.

No sé si puedo resumir todo lo que vimos e hicimos. Ni siquiera he podido mandar fotos todavía porque me cuesta elegir entre tantas que tomamos. Estuvimos en Auckland, una ciudad tremenda de más de 1 millón de habitantes (nótese que el país tiene 4 millones de habitantes en total); en Wellington, la capital, donde está el Te Papa, un museo increíble y encima gratis; en Blenheim, en plena región del vino; en Kaikoura, lugar ideal para ver ballenas y delfines (y hasta nadar con ellos); en Nelson, una de las ciudades más agradables para vivir (según dicen), súper cerca del parque nacional Abel Tasman, con paisajes que parecen sacados de postal (¿o será al revés?), en Rotorua, donde hicimos zorb (¡excelente!), vimos los géiser en Waiotapu y aprovechamos de relajarnos en las piscinas termales antes de volver a Vancouver.

Lo que no me pude traer en la maleta:

  • El sonido del mar en una playa de piedras en Kaikoura. Es impresionante, se escuchaba hasta el hostal.
  • La luna, las estrellas... el cielo que conozco (del hemisferio sur).
  • El jugo de feijoa y el helado de hokey pokey (vainilla con trocitos sólidos de caramelo, súper popular en NZ).
Y con todo lo que gastamos, que el hostal en Rotorua (con baño compartido) haya tenido una piscina termal... priceless.

Foto: Vista de Auckland desde la Sky Tower


domingo 11 de marzo de 2007

¿Estresada.. yo?

¡Horror! Se nos viene el viaje a Nueva Zelandia la próxima semana (ejem, este miércoles). Con eso, los nervios de dejar todo listo, imprimir las reservas para el pasaje de avión, los hostales, buses, ferry, etc. Además Delta está trabajando a full, de 9 a 9 todos los días, por lo tanto yo me tengo que encargar del resto.

Algunas preocupaciones del momento:

1. Terminar de vaciar el refrigerador. Esto significa: ponerme creativa para inventar comidas con lo que queda y evitar comprar más cosas.
2. Hacer las transferencias bancarias correspondientes (adiós cuenta de ahorros) y asumir que vamos a vivir de la Visa por algunas semanas.
3. Que no se me olvide empacar el bikini, el bloqueador, los lentes de sol y la toalla, que al menos en Auckland están con 25ºC.
4. Pregunta del millón de dólares: ¿entraré en la ropa de verano (incluido el bikini)? Que con tanta Nutella uno nunca sabe.
5. Comprar crema, desodorante, pasta de dientes y otros menesteres en envases de 100ml como máximo, gracias a las nuevas (y siempre creativas) medidas de seguridad en aeropuertos.
6. Dejar preparada la clase de español que tengo el martes a las 7 de la tarde (sí, justo antes del viaje). ¿En qué estaba pensando cuando se me ocurrió dar clases particulares?
7. Devolver los libros de la biblioteca, que 3 semanas de multa no me haría gracia.

Obviamente la lista es más larga, los días son más cortos (al menos hoy, que acabamos de perder una hora por el cambio al horario de verano), y el clima no ayuda mucho al ánimo con esta lluvia interminable. A ver si en la tarde me arranco al gimnasio a correr, como hamster en su ruedita, para liberar tensiones. ¿O tal vez voy a la piscina? En una de esas Delta se tienta y me acompaña. Mientras tanto, por suerte existe el café.


lunes 5 de marzo de 2007

No tengo radio, pero escucho música

Hoy me puse nostálgica. Podría echarle la culpa a los interminables días grises, pero no es el caso. Estresada a estas alturas del año, tal vez. Ahora, si agrego el arresto domiciliario, que con todo lo que tenemos que dejar listo antes del viaje (y con la feliz coincidencia de que no tengo que trabajar esta semana) casi no he salido de la casa... tengo el cuadro completo.

Estuve haciendo una selección de canciones: viejas, nuevas
, algunas con recuerdos incluidos, otras porque me gustan no más. Es que algo tengo que meter en mi wurlitzer personal, porque entre aviones y aeropuertos son más de 20 horas de viaje y cualquier cosa es mejor que "Please proceed to the departure gate" y cosas por el estilo.

En eso se me pasó el día, escuchando música, mientras ordenaba mis papeles, hacía reservas de hostales en Nueva Zelandia y mi mente estaba en cualquier parte menos aquí. Salí a dar una vuelta aprovechando que no estaba lloviendo, pasé por el parque y estaba lleno de gaviotas. A veces se me olvida que estamos al lado del mar.


Mientras tanto, tengo pegada la canción "Situations", de Jack Johnson, un surfista-músico de Hawaii que debe tener mi edad y por esas cosas de la vida me enteré que hasta grabó uno de sus videos en Pichilemu (¿será verdad o mito?). Y de tanto saltar de un pensamiento a otro, entre playas y sol, descubrí algo que me dejó con una sonrisa estampada en la cara: para mí el invierno se acaba en menos de 10 días... y recién ahora me doy cuenta.


jueves 1 de marzo de 2007

Fama a escala

El otro día fui al gimnasio al frente de mi casa y cuál no sería mi sorpresa al ver que el encargado de turno me saluda con cara de "yo te conozco"... y claro, no es que lo haya visto antes en el gimnasio, sino que casualmente estuvo en mi fiesta de cumpleaños el sábado pasado (algo así como el amigo del amigo del amigo). Lo peor es que ni siquiera me acordaba de su nombre y si no es porque sale en una foto, tampoco me acuerdo de su cara.

Después de esto, mejor lo pienso dos veces antes de ponerme el buzo encima del pijama para ir a comprar a la esquina. No vaya a ser que alguien me reconozca.


domingo 25 de febrero de 2007

Un año más

Ayer celebramos mi cumpleaños y tiramos la casa por la ventana con una fiesta que pasará a la historia como una de las mejores que he tenido. Un amigo me hizo una torta, llegaron más de 30 personas, no me preocupé de absolutamente nada, sólo de pasarlo bien. Empezamos la celebración como a las 6 de la tarde y los últimos se fueron a las 2 am (que para acá es tardísimo). Todos se sintieron como en casa, hasta lavaron la loza, limpiaron un poco, por lo que hoy el trabajo fue mínimo.

¿Lo mejor de cumplir 31? Ya no está esa presión (in)consciente de "los 30", de cumplir expectativas impuestas por la sociedad (como si fuera posible de un día para otro), de celebrar como corresponde, de esperar que algo ocurra sabiendo que en el fondo las cosas van a seguir igual. Como si a los 30 realmente se acabara el mundo o algo parecido
.

Para mí la edad sigue siendo un número en un papel que no significa absolutamente nada y, si me preguntan, la verdad es que me sigo sintiendo de 25. En todo caso no soy la única, considerando que el único referente que tenemos como generación son nuestros padres, que a nuestra edad estaban casados hace rato, con hijos que ya iban al colegio, una realidad totalmente distinta a la nuestra.

¿Mis metas para este año? Ninguna en especial. Seguir disfrutando, seguir compartiendo, seguir viviendo a concho, que de eso se trata.


domingo 18 de febrero de 2007

Oinc, oinc

¡Gung Hay Fat Choy! Hoy comienza el año del cerdo (o del jabalí), según el calendario lunar. Dicen que es el año de la prosperidad y la buena fortuna, ¡ojalá! Fuimos a Chinatown a ver el desfile y, como nunca, nos tocó un día precioso, con un poco de sol que por fin comienza a calentar. La primavera está cerca.

Por fin queda atrás el año del perro, época en que nada resultó como esperábamos, la mayoría de las cosas salieron a medias y de prosperidad y fortuna no tuvimos mucho. ¿Antepasados chinos? Ninguno, pero en una ciudad tan multicultural como ésta, no está demás celebrar... lo que sea.


miércoles 14 de febrero de 2007

Love is in the air...

Amor a primera vista, amor de verano, amor eterno, amor mientras dure. Amor de madre, amor de padre, amor de hermanos, amor al prójimo. Amor verdadero, amor incondicional, amor con condiciones. Amor no correspondido, amor secreto, amor prohibido, amor platónico, amor imposible, amor propio...
Me pregunto si será necesario poner tanta etiqueta.

A todos mis amores, feliz día de San Valentín.


lunes 12 de febrero de 2007

Uno (o más) de esos días

Hay días en que sería mejor quedarse en casa, porque si uno sale, fijo que la lluvia de la única nube negra en el cielo cae sobre uno. Por alguna razón todavía inexplicable he tenido una seguidilla de esos días. ¿Será alguna conjunción astral en mi contra?

El viernes tenía que estar a las 8 de la mañana en la oficina, primer día de una pega nueva, part-time, cerca de mi casa. Me pongo el abrigo, agarro las llaves, no alcanzo a llegar a la puerta y me empieza a sangrar la nariz. Corro al baño. La sangre chorrea como si alguien hubiera abierto un grifo. Con un ojo trato de ver la hora y con el otro compruebo que al menos no me he manchado la ropa. Se hace tarde. Ley de Murphy en acción. Controlo la hemorragia con una mota de algodón (no se ve muy estético que digamos) y salgo corriendo. Por supuesto llego pasado las 8, muerta de calor por la carrera y con cara de sobreviviente de guerra. Al menos era real. Hora de volver a casa: con tantos inconvenientes se me olvidó llevar el paraguas y por supuesto está lloviendo. Ya no llueve, diluvia. Camino un par de cuadras hasta la farmacia, estilando, y compro un paraguas. Salgo, camino otra cuadra y deja de llover. Insólito.

El domingo fui al supermercado: poco me faltó para hacer la compra del mes y cuando me meto la mano al bolsillo para sacar la billetera... ¡no está! En ninguna parte. Se me quedó en la casa, de no creerlo. Al menos el cajero me ofrece guardar las cosas hasta que vuelva. Por suerte es cerca, pero siguen siendo 5 cuadras. Ahí partí corriendo... y seguí corriendo de vuelta. Obviamente se puso a llover y yo justo había dejado el paraguas en el supermercado, con el resto de las bolsas. Llegué estilando (¿suena conocido?), pagué y cuando salí del super dejó de llover. Grrr.

Hoy fue el broche de oro: el día estuvo tranquilo en general, solo que no estábamos con ganas de cocinar y pedimos comida china en la noche. Era un montón de comida, sobró la mitad. Venían un par de galletas de la suerte, abro la mía y traía un papelito. Delta abre la suya y como si "una suerte" fuera poco, venían 3. Hasta en eso perdí. Al menos, según mi galleta, la prosperidad llamará pronto a mi puerta. Ojalá que cuando eso ocurra no se eche a perder el timbre.


miércoles 24 de enero de 2007

A pedido del público

Hace rato que no escribo y algunas personas ya me están reclamando (y yo que pensé que nadie leía esta cosa, jaja). ¿La razón? Por un lado, no he tenido ganas y, por otro, he estado tratando de bajar mis horas frente al PC. Algo así como una terapia de desintoxicación. Además, no ha pasado nada importante. Resumo a continuación:

  • Hemos ido a varias fiestas, nos hemos perdido otras tantas. En un carrete con Delta y otro amigo, recordé por qué más de 1 pitcher de cerveza por persona no es saludable.
  • No he jugado fútbol desde antes de Navidad. Nos quedamos sin gimnasio y los organizadores siguen buscando desesperadamente algún lugar.
  • Me metí a clases de yoga, 1 vez por semana. Las clases son bien dinámicas, pero no logro enganchar con la filosofía (y la moda) que hay detrás.
  • El otro día hice caramelo y me quemé un dedo. De golosa, por querer probarlo altiro.
  • Estuve mandando varios CV y de aburrida casi mando uno donde buscaban una animadora para un programa de televisión en español. Me reí sola, pero no lo mandé.
  • Reorganicé los muebles en la casa y ahora tenemos living y comedor. ¡Por fin migramos del sofá! Ahora nos sentamos a la mesa para el desayuno, almuerzo y cena. (No sé por qué antes no cabía la mesa grande).
Eso por ahora. Ya escribiré cuando pase algo interesante.


miércoles 3 de enero de 2007

Con un pie aquí y el otro en ninguna parte

Aurora, ¿y cuándo vuelven a Chile? Porque vuelven... ¿cierto?
- No sé.
- Ah, entonces ya se quedaron allá, después de todos estos años...
- Mmmmm...

Hace exactamente 4 años llegué a Vancouver. No era la primera vez que venía, pero sí la primera con un nuevo estado civil (y con Delta a mi lado), pasaje sin regreso, 4 maletas a punto de reventar y un proyecto de vida en común. No sabíamos por cuánto tiempo nos quedaríamos acá, todavía no sabemos, pero ya van 4 años que han pasado volando. Como dato curioso, seguimos en la categoría de "residentes temporales", con visas de estudio y trabajo respectivamente. La postulación a la residencia permanente se demora, son al menos un par de años de papeleo, pero ya estamos en eso.

Sé que vamos a estar aquí por un tiempo, no sé cuánto. Después de eso, quién sabe. Tal vez cambiemos de ciudad, de país... no me complica ni me interesa saber. Sería como leer un libro sabiendo el final. Mientras tanto, la invitación sigue en pie: las puertas están abiertas para familiares y amigos que quieran venir. Eso sí, no se olviden de traer una botella de pisco, puré de lúcumas y un tarro de locos, que abrimos el último para el Año Nuevo, jeje.


domingo 31 de diciembre de 2006

Fin de año

Se acaba el 2006. Inevitablemente se hacen evaluaciones, se mira hacia atrás y hacia adelante. Se compara con años anteriores, hacemos una lista con las metas para el próximo año, otra con lo que queremos olvidar. Pensamos en los logros y fracasos, en los amigos nuevos y en la gente que ya no está. En los reencuentros, las despedidas; en las alegrías, satisfacciones y en lo que podemos cambiar.

Tiempo de celebración y esperanza. "El próximo año será mejor", "Ahora sí que consigo una pega buena", "Ojalá resulte el viaje que tenemos planeado". Se acaba un año y empieza otro. Nuevo, sin estrenar. Tiene que ser mejor. Hacemos lo posible por que esto ocurra. Rituales varios, la champaña, las lentejas, el abrazo.

El fin de un ciclo, el comienzo de otro, aunque sea sólo en el calendario. Es casi como empezar de cero. Una hoja en blanco, una nueva ruta. Hay que despedir el año como se debe. La cena, la fiesta, todo debe ser perfecto. Así empezamos con el pie derecho. Dicen que los primeros 12 días marcan la pauta de lo que serán los próximos 12 meses. No podemos arriesgarnos.

Faltan unas pocas horas para el estreno. Otro año, cargado de proyectos, anhelos, deseos y, por sobre todo, optimismo.

Año nuevo, aunque la vida siga siendo la misma. Feliz 2007.


martes 19 de diciembre de 2006

Dear Santa

El otro día, dando vueltas x la 4th Avenue, vi un panel con varios anuncios: se vende, se compra, ofrezco servicios, busco, etc. Y entre todos esos, un par de fotocopias de una carta (supuestamente) escrita por un niño de 9 años, con una caligrafía envidiable, que empezaba como todas las cartas dirigidas al señor de barbas blancas y traje rojo: Dear Santa.

El contenido era más o menos así:

Me llamo John, tengo 9 años y vivo con mi familia en Vancouver. No sé cuánto tiempo más nos podamos quedar en este lugar, por eso, para esta Navidad me gustaría tener una casa grande, de tres dormitorios, para que estemos cómodos. También quiero juguetes porque los que tengo están viejos y los tengo que compartir con mis dos hermanos. Un televisor grande y un X-box sería perfecto. También me gustaría tener un auto, para que mi papá nos lleve de paseo.
Cuenta corriente: 5564 - 3xxx - xxxx.


Decidí escribir mi propia lista de peticiones; aquí va:

Querido Viejito Pascuero:

Me llamo Aurora y para esta Navidad me gustaría recibir 10.000 dólares, para poder viajar a Chile en primera clase y pasar las fiestas con nuestros familiares. Ya estamos cansados de viajar en clase económica, apretados e incómodos. Obviamente tendríamos que llevar regalos y como los 10.000 dólares son para los pasajes, pensé que nos podrías ayudar con eso también.


Estaba pensando que un auto no sería una mala idea. No es que el sistema de transporte público no funcione (de hecho, la ciudad es completamente caminable), pero no estaría demás tener algo propio. Eso sí, me gustaría un auto automático, modelo 2007 para 4 personas, no se te ocurra traerme un Smart.

También me gustaría un laptop, porque el que tengo está viejo y a veces lo tengo que compartir con Delta.

Si las cosas no te caben en el trineo nos puedes depositar directamente en nuestra cuenta corriente y nosotros compramos los regalos, en tu nombre, por supuesto. ¿Sería mucho pedir una casa?

Muchas gracias y feliz Navidad.


lunes 11 de diciembre de 2006

Tuuuuuuuuuuuut

Llegó diciembre y mis neuronas están en huelga. Ya desconecté mi cerebro hace rato y me he dedicado a ver películas de Navidad, hacer galletas y empezar la cuenta regresiva para el 2007. 3, 2, 1... ¡Feliz Año Nuevo! Abrazos, champaña, baile, ojalá con mucha gente. El 2007 será distinto, mejor. Hay que ser optimista. En todo caso, el 2006 no dejó la vara muy alta: las cosas buenas las puedo contar con los dedos de una mano. El resto, mejor ni acordarse (como que empecé el año con peste cristal, último).

La próxima semana viene bastante movida: es el cumpleaños de Delta, celebramos 4 años de matrimonio y luego la Navidad. Además nos vamos por 1 semana a Tofino, a puro descansar, alejados de la civilización y el estrés navideño. Por suerte tengo que comprar un solo regalo o ya estaría loca.

El sábado fui a una cena de Navidad, el próximo viernes tenemos otra. Qué bueno, así puedo seguir trabajando en mi acumulación de grasa para pasar el invierno. Me pregunto si alguien llevará pavo. Alguien me preguntó una vez qué comíamos tradicionalmente en Chile para Navidad. Dije que no existía una cena tradicional, que cada familia comía lo que quería, por lo general muchas ensaladas porque con los 30 grados de calor no dan ganas de más. Después me preguntan si tenemos un personaje como Santa Claus. A veces me dan ganas de inventar una historia, algo así como de un huaso criollo que todas las Navidades viaja en una carreta tirada por pudúes (lo más cercano a un reno que tenemos) para entregar regalos a los niños. Jeje. Como un amigo español, que contaba que cuando era chico recibía los regalos en enero, para la fiesta de los Reyes y que nunca tuvo un árbol de Navidad... y todos lo miraban con cara de "pobrecito, no tuvo infancia". En fin. Nosotros tampoco tendremos arbolito, pero sí galletas, pan de pascua, cola de mono, nuestra familia de dos integrantes, ah, y muchas películas de Navidad.


martes 28 de noviembre de 2006

Lo que trajo la nieve

Frío, mucho frío. El sábado en la tarde empezó a nevar. Todo un acontecimiento, primero, porque Vancouver posee uno de los climas más templados de Canadá y lo único que nos llega en invierno es lluvia y segundo, porque cuando rara vez nieva, no es precisamente en noviembre. El domingo no paró de nevar en todo el día. En total cayeron entre 30 y 50 cm de nieve y la ciudad colapsó. El lunes se suspendieron las clases en colegios y universidades (Delta estaba feliz), el transporte público anduvo a media marcha y entre quedarse en la casa y dar una vuelta, mejor salimos.
Todo se veía tan lindo, que hasta me imaginé soportando un invierno completo en el este de Canadá. Fuimos hasta la playa, almorzamos en un boliche mexicano, y de tanto en tanto entrábamos a alguna tienda para descongelarnos un poco. Empecé a sentir frío, a pesar de las mil capas de ropa térmica que llevaba. Ya no me gustó la idea de un invierno completo con esta temperatura. Hoy no está nevando, las clases se normalizaron, pero estamos con casi 7ºC bajo cero. Se pronostican -10ºC para la noche con una sensación térmica de -19ºC. Creo que es lo más frío que me ha tocado hasta ahora. Ya tuvimos lluvias fuertes, nevazón y estamos apenas en noviembre... ¡qué nos queda para el invierno que ni siquiera comienza! Por mí hibernaría, igual que los osos, y que me despierten en la primavera.

Foto 1: vista desde mi ventana.
Foto 2: Kits Beach.


viernes 17 de noviembre de 2006

Lo que trajo la lluvia

En las últimas semanas no ha parado de llover. Basta que pase un frente de mal tiempo para que llegue otro. Con tanta lluvia, se han caído árboles, algunas partes de la ciudad están sin energía eléctrica y hoy anunciaron en las noticias que ya no se puede tomar agua de la llave: hay que hervirla o comprar agua embotellada (los filtros no sirven). Sí, acá también pasa.
Claro que la gente no está muy acostumbrada a este tipo de "medidas preventivas" como dicen. Fui al supermercado y era un caos. La gente compraba el agua por cajas, como si se fuera a acabar el mundo. Con tanto escándalo fui al negocio de la esquina y compré una botella de medio litro, calculando que con lo que había hervido en la tarde teníamos más que suficiente.
Actualización de noticias: ahora incluso recomiendan el agua hervida para lavar frutas y verduras y hasta para lavarse los dientes. Llamé a Delta y le dije que, si quería, podía traer otra botella cuando se viniera a la casa... y eso hizo. ¡Llegó con un botellón de 18 litros! Sí, 18. No exagero. Lo compró en la bencinera y se vino caminando (unas 6 cuadras) con el botellón al hombro, ah, ¿mencioné que estaba lloviendo? Se contagió con la histeria colectiva y dijo que prefería estar preparado si la cosa empeoraba. Bueno, tal vez tenga razón. Ahora tenemos agua para unos 5 días y como no hay señales de que pare la lluvia, la situación de alerta se mantiene (es cosa de ver el color del agua). Parece que San Isidro abrió el grifo y se quedó dormido... ojalá se acuerde pronto de cerrarlo.


Foto: agua mineral y agua "potable" de mi casa.


viernes 3 de noviembre de 2006

Se fue octubre

No estaba muerta ni andaba de parranda, pero sí un poco desaparecida. ¿En qué he estado?

H
alloween pasó sin pena ni gloria, al menos en nuestra casa: nada de disfraces, ni chocolates, ni fiestas, ni nada. El pastel de calabaza ahora lo venden en la sección de oferta y las tiendas ya están empezando a cambiar la decoración para lo que viene: Navidad. ¿Faltan dos meses? Qué importa. Hoy fui a una librería y ya estaban tocando villancicos. Valor.

Con el cambio de hora, a las 5 pm ya está oscuro. Tuvimos un par de días con temperaturas bajo cero durante la noche y como si fuera poco vienen dos frentes de mal tiempo seguidos. Por lo menos si llueve sube la temperatura.

Ayer terminé un curso sobre hierbas medicinales, estuvo entretenido. Aprendimos las propiedades de las hierbas más comunes, hicimos infusiones, decocciones, compresas, tinturas, vinagres y ya me estoy preparando para la segunda parte. Ya tengo remedio para el dolor de cabeza, para aliviar la tos, bajar la fiebre, aliviar las picaduras de mosquito... en realidad para casi todo. Hasta me compré un libro. Capaz que termine abriendo una consulta virtual. Sólo me falta el caldero, jeje.



martes 17 de octubre de 2006

El regreso de Delta y la experiencia IKEA

Domingo en la mañana, diluvio en Vancouver. Un amigo se ofreció para llevarme en auto; nos juntamos un poco antes y fuimos a tomar desayuno, además el vuelo venía atrasado. Cuando íbamos camino al aeropuerto, suena mi celular: Delta ya había recogido su maleta y dijo que nos esperaría afuera. Estábamos a 5 minutos de llegar, cuando de pronto ¡PAF! El auto de adelante frena y con la lluvia nuestro auto no alcanzó a parar. El auto de atrás quedó a unos pocos centímetros del nuestro, el de más atrás se ensartó y el que estaba atrás de éste, también. Sin contar los de adelante. En total: 7 autos chocados en medio de la carretera. No hubo heridos ni nada por el estilo. No era para tanto tampoco, ni siquiera íbamos rápido. A nuestro auto no le pasó nada. Casi 20 minutos más tarde (después del intercambio de números de patente y demases) recogimos a Delta en el aeropuerto. Ya en la casa, gané puntos por las hojitas de parra (quedaron buenas) y nos dedicamos a flojear el resto del día.

El lunes fuimos a comprar cortinas decentes, que con las que teníamos nos estábamos pelando de frío. Ah, y una cómoda. ¿Dónde fuimos? Obviamente a IKEA, tienen cosas entretenidas para el presupuesto del estudiante. La gracia es que los muebles son del estilo "ármelo usted mismo". Tienen una sala de exhibición donde se ven armados, eliges el que te gusta, anotas el número de ubicación (algo así como "pasillo 17, repisa 3") y lo pasas a buscar a la bodega. No es primera vez que compramos en esta tienda y a pesar de todas las historias de terror que habíamos escuchado (que faltan las instrucciones, que vienen menos piezas, etc.) nunca nos había pasado nada... hasta ahora.
Apenas llegamos a la casa nos pusimos a armar la cómoda. Venía el manual de instrucciones: sólo dibujos, nada escrito; a prueba de tontos (ja). Tablas de varios tamaños, clavos, piezas varias, tornillos especiales y la infaltable llave allen. Todo iba bien, hasta que había que insertar, a punta de martillo, unos tornillos plásticos para unir un par de tablas. Y claro, me confundí y lo metí donde no era (mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa). Con razón no entraba, y yo que martillaba con tantas ganas... hasta que me di cuenta de la metida de patas y Delta se dio cuenta por la cara que puse. Entramos en pánico, el tornillo había traspasado la segunda tabla, tratamos de sacarlo con un alicate sin que se rompiera y ¡lo logramos! Ahora teníamos que parchar el hoyo. Traté con "La Gotita", pero no resultó. Al final usé masking tape. No quedó muy elegante que digamos, pero como dicen, peor es nada. Seguimos con el armado. En la bolsita de accesorios venían 2 clavos de más, lo que ya es una mala señal porque generalmente significa que hay algo de menos... justamente: faltaba un tornillo. Un tornillo especial, de diseño IKEA, que no se encuentra en el comercio y que tuvimos que reemplazar por uno parecido. Por lo menos la cómoda ya está armada, ojalá dure. Las cortinas ya están instaladas; fue la parte más fácil. Ahora la casa está calentita para las noches largas de invierno.


sábado 14 de octubre de 2006

El día antes del día D.

Aquí estoy, mi último día antes de que llegue Delta. Con tanto tiempo libre que tuve, no encontré nada mejor que dedicarme a ordenar. Eso fue después de haber recorrido Vancouver buscando zapatos buenos, bonitos y baratos y haber llegado a la triste conclusión de que los buenos no son baratos y que los baratos no son ni buenos ni bonitos. Pero como una vez ya cometí el error de comprar zapatos bonitos y baratos que me destrozaron los pies, esta vez decidí esperar hasta que el presupuesto me permita comprar zapatos decentes, que duren y que sirvan para caminar (no sólo para posar).

En fin. El "orden" empezó ayer y obviamente partí por lo más importante: la pieza de guardar (a veces cuando estoy estresada se me distorsionan un poco las prioridades). Empecé sacando las botellas vacías de fiestas pasadas, cajas de cartón que todavía quedaban de la mudanza y de otros cachureos que hemos comprado. Encontré cosas viejas, les puse un cartel de "free" y las tiré a la calle. Al rato ya no estaban. Mi segunda prioridad fue el clóset: ya era hora de sacar la ropa más abrigada y guardar la de verano, snif. Pero claro, no era llegar y reemplazar, noooo, tenía que incluir un desfile de modas: "ah, no me acordaba de esta polera", "este chaleco ya no me gusta", "esta falda queda perfecto con estas medias", etc... hasta la 1 de la mañana. Tenía sueño, la ropa estaba regada encima de la cama y todavía me faltaba. Tiré las cosas al suelo, era hora de dormir y el orden podía esperar.

Hoy en la mañana vi el desorden y pensé que sería mejor limpiar el baño, o la cocina. Pero me distraje y decidí hacer sopaipillas, mmmm. ¡Ah! También decidí jugar a la "buena esposa" y preparar alguna comida rica para recibir a Delta. Y qué mejor que hacer hojitas de parra rellenas. Las que se ven acá son las griegas, que son un poco diferentes, partiendo porque no llevan carne. Nunca he hecho, pero me imagino que no debe ser tan difícil.

En resumen, son casi las 8 pm, Delta llega mañana temprano, la cocina es un asco después de haber hecho sopaipillas, tengo que preparar el relleno para las famosas hojitas, el dormitorio sigue con la ropa regada por todas partes... ya, ahora sí que me organizo. Pero primero voy al gimnasio, que necesito liberar un poco de energía (o mañana la imagen de "buena esposa" no me la compra nadie).


miércoles 4 de octubre de 2006

Cuando el gato no está...

...los ratones están de fiesta. Algo así es el dicho. En este caso, el "gato" se fue el sábado pasado a Halifax (al este de Canadá) y no vuelve hasta el 15, por lo que la "ratona" se queda de soberana de la casa, con derecho a dormir en diagonal sin recibir reclamos. ¡Yupi!

¿Cómo ha sido mi nueva rutina de soltera? El primer día descansé, porque los días previos al viaje fueron bastante agotadores, pero nada que un buen baño de tina no pueda reparar.

El trabajo me ha mantenido ocupada y me he estado despertando bastante temprano... alrededor de las 6 am. Gracias a eso quedo libre tipo 2 pm y como el tiempo todavía está rico alcanzo a hacer un paseo, a pie o en bici, antes de que oscurezca. A veces voy a la piscina (interior y temperada, obvio) y otras veces me voy al gimnasio (sólo porque queda al frente de mi casa y tiene jacuzzi), vuelvo a la casa, como algo y veo alguna serie entretenida: domingo, Desperate Housewives; lunes, Monk; martes, House; miércoles: Lost.

Invitaciones no me han faltado: a andar en bici, a un concierto, a una fogata en la playa... que no haya ido a todo es otro cuento. La última invitación que me llegó es para la cena de Thanksgiving, el domingo a las 6 pm (el lunes es feriado). El show del pavo y el pastel de calabaza... ya veré qué llevo.

Todavía me queda una semana y media de "vacaciones", de paz y tranquilidad. Tal vez demasiada. Al final, uno se acostumbra a la bulla constante de tener a alguien al lado. Vivir solo tiene muchas ventajas, pero de a dos es más entretenido. En todo caso, mejor sigo aprovechando, que quizás cuándo se repita una oportunidad como ésta, jeje.


miércoles 20 de septiembre de 2006

Celebración de Fiestas Patrias (versión 4.0)

Llegó septiembre, llegaron la lluvia y el frío; así de rápido, sin piedad. Se fue el verano, pero el 18 lo celebramos igual. El sábado eso sí, por razones obvias: acá no tuvimos fin de semana largo. Con los dedos cruzados para que no lloviera, tuvimos un día increíble, con sol y totalmente despejado.

Gracias a Internet, junté como 3 horas de cuecas, para marear a cualquiera. Pusimos guirnaldas en el patio. Hicimos empanadas, varios amigos llegaron antes para ayudar; también hicimos pan amasado, pebre... una amiga chilena trajo charquicán, mmm. En total llegaron más de 30 personas.

La novedad de este año: tipo 12 de la noche (de hecho a las 12 en punto) una vecina se puso a gritar por la ventana, porque claro, acá se duermen como a las 10 incluso un sábado en la noche y decidió invitar a la policía. Llegaron como a las 12:15, yo ni me enteré porque estaba arriba, pero supe que un amigo canadiense los recibió, les dijo que estábamos celebrando la Independencia de Chile y todos se pusieron a gritar ¡Viva Chile! (los más chilenos, jaja) y los pobres policías no entendían nada. La frase de oro: "díganle a la vecina que marque este día en el calendario porque el próximo año vamos a celebrar igual". En resumen, el concepto de empanada, vino y pisco sour ya es parte de la vida de nuestros amigos. Mal que mal, llevamos cuatro años celebrando el 18.

Balance final:

Gente contenta: todos los que vinieron
Gente no muy contenta: 1 (la vecina)
Visitas ilustres: 1 (Jeff, un amigo que llegó de sorpresa después de vivir 1 año en Indonesia)
Visitas indeseadas: 2 (Starsky y Hutch)
Pérdidas: una de mis copas de vino (desapareció misteriosamente)
Probabilidades de repetir la fiesta el próximo año: 100%

¡Viva Chile!


miércoles 6 de septiembre de 2006

Misión im(posible)

¿Cuánto tiempo te demorarías en comer 4 litros de helado?


El 19 de agosto hicimos una fiesta en mi casa, tipo potluck, en que cada uno trae un plato para compartir. Estuvo entretenido: mucha gente (más de 30), mucha comida y, sobre todo, muchos postres. Un amigo trajo un helado de chocolate y, como acá son exagerados con los envases, venía en un container de 4 litros. Al final, con tanta comida nadie comió helado. Tampoco se lo quiso llevar de vuelta, por lo que permaneció en mi freezer hasta que me decidí a probarlo (al día siguiente).

Empecé de a poco. Hace tiempo que no comía helado "de verdad": como Delta es intolerante a la lactosa, lo único que se ve en esta casa son los helados de soya.

Helado de chocolate, uno de mis favoritos, 4 litros sólo para mí. Mmmmmmm. Pensé que no iba a llegar nunca al fondo. Empecé con un par de cucharadas de postre; seguí con otro par en la noche viendo una película y a veces también en la tarde, sólo porque el envase era gigante e interminable. Después me puse creativa: con crema, con mermelada de frutillas, con salsa de chocolate. No se acababa nunca. Lo mejor de todo, no lo compartí con NADIE.
Era sólo mío. Ni se me ocurrió invitar a alguien que me ayudara en tan ardua tarea. Lo hice solita. Todos los días cuchareaba un poco de helado. Era mío, de nadie más. Así, sin darme cuenta, 2 semanas y 4 días después, por fin se acabó.

¿Qué dije? ¡¡Se acabó!! ¿¿Qué voy a hacer ahora?? Ya no tengo el ritual diario de abrir la puerta del freezer y ver ese tremendo balde con tan delicioso contenido. Se acabó el cuchareo en la noche. Qué espanto, no voy a poder dormir. ¿Qué voy a comer de postre ahora? ¿Tendré que echarle mermelada de frutillas al pan? Si quedaba tan rica con el helado de chocolate...

¿Qué voy a hacer? En realidad, lo tengo más que claro: gracias a los 4 litros de helado ahora tengo un rollito que antes NO estaba. A partir de mañana salgo a trotar. Porque se vienen varios cumpleaños, en octubre Thanksgiving, después Navidad... y no pienso comprar otro par de pantalones.

Se acabó, qué bueno.


viernes 1 de septiembre de 2006

Septiembre

Cuando vivía en Chile, mi mes favorito era septiembre. Me encantaba ver la cordillera nevada con un sol que por fin comenzaba a calentar; caminar por mi calle tapizada de pétalos de flores, escuchar los pajaritos en la mañana... ah... la primavera. Un preludio del verano que se viene, las Fiestas Patrias, fin de semana largo, ojalá fuera de Santiago. Pero ahora que estoy en Vancouver, septiembre ya no es lo mismo: este mes marca el fin del verano, la vuelta a clases, el pago de la universidad, el comienzo del otoño... es sólo un anticipo del invierno interminable. Ya no se oscurece a las 10 de la noche y no me despierto en la mañana con el sol que entra directo en mi pieza porque ya está en un ángulo distinto. Ahora tengo que preocuparme de llevar un polerón en la mochila por si vuelvo tarde. Si bien todavía hace calor, en la sombra ya está más fresco. Eso es lo que pasa por estar en el "otro" hemisferio. Me ha costado asimilar el cambio. (Nada en contra del otoño, es sólo que después viene el invierno y aquí a las 4 de la tarde está oscuro).

Si me preguntan ahora, no sabría decir cuál es mi mes favorito. La primavera acá todavía se siente demasiado fría (para mi gusto) como para disfrutarla. Supongo que tendría que ser algún mes del verano... ¿julio, quizás? Tendría que pensarlo, pero, definitivamente, ya no es septiembre.

Foto: Golden Ears Provincial Park, Sept. 2006


jueves 24 de agosto de 2006

Aló, adivine quién llama...

- Riiiing... (teléfono)
- ¿Aló?
- ¿Aló, hablo con la señora B.?
- Sí. (Caí redondito, nadie me dice "señora B.")
- Muy buenas tardes, llamo de la empresa XX (jamás la he escuchado) y al parecer usted llenó un formulario con nosotros... ¿se acuerda?
- Eeeeh, no.
- Ah, bueno, es muy probable que lo haya hecho hace tiempo, guardamos los formularios por un plazo de hasta 2 años. Pero no se preocupe (yo no estaba preocupada) porque con algunas preguntas de verificación podemos rescatar sus datos (seguro tarjeta de crédito, entre otros) y puede participar en el fabuloso sorteo de... ¡un crucero a Alaska y una cámara digital!
- (Respiro hondo) No, gracias.
- ...
- (Colgué, fin de la conversación).

Si hay algo que detesto es el telemarketing. Gente que llama a las horas más increíbles para ofrecer cualquier cosa y generalmente no aceptan un NO por respuesta. Hasta que me llaman a mí, claro. Si me pillan de buen humor, a veces les digo que no puedo dar más información porque soy menor de edad, que no soy la señora B. y estoy cuidando su casa mientras está de vacaciones, que no hablo inglés, que me voy del país al día siguiente (jaja), etc. Pero esta vez no tenía ganas de conversar y le dije No, gracias. Pobre tipo, debe haber quedado mudo de la impresión, sobre todo en un país donde lo "políticamente correcto" es ley.
En fin, quería reclamar un rato.

Iba a publicar este post ayer, hasta que me di cuenta de que, por alguna extraña conjunción astral, he estado actualizando mi blog sólo los miércoles. La rutina no es buena y ser predecible tampoco.
No ha pasado mucho en realidad. El lunes me junté con un personaje que quería discutir posibilidades de colaboración conmigo en algún proyecto. Yo me emocioné pensando que él tendría algo armado y me estaba pidiendo ayuda, pero no. Me preguntó si YO tendría algo para ofrecerle a él. En resumen, sigo igual que antes, teniendo todos los fines de semana libres, todos los feriados y algunos días hábiles también.


miércoles 16 de agosto de 2006

¡El avión, jefe, el avión!

Hay días en que no pasa nada, otros en que pasa de todo. Apenas volvimos de Tofino una amiga que trabaja en una editorial me ofreció trabajar con ella durante un fin de semana en una Feria Aérea en Abbotsford, como a 1 hora de Vancouver. La idea era poner un stand y publicitar una revista local de aviación. Lo entrete del asunto: me pagarían por hora y además nos quedaríamos en un hotel. Obvio que fui.
Fueron 3 días de aviones, sol (excepto el primer día que nos tocó horrible), desayuno continental, piscina y jacuzzi (había que aprovechar el hotel).

Digamos que el tema de los aviones no me apasiona pero sí me gusta. Siempre han sido la fascinación de mi papá, por lo tanto, cuando éramos chicas con mi hermana íbamos de tanto en tanto a la FIDAE y hasta me acuerdo de haber tenido un libro para hacer avioncitos de papel (de los buenos, no de esos que uno tiraba en la sala de clases).

El show en sí estuvo entretenido: Snowbirds, acrobacias, aviones de guerra, paracaidistas, exhibición de aviones... Lo malo es que fue el mismo todos los días. Por suerte llevamos tapones para los oídos que si no ya estaríamos sordas. Fue simpático tener credenciales y no tener que hacer cola para entrar. Lo peor fue tener que soportar a los adultos de edad respetable tratando de sacar cosas gratis, aunque fueran de la peor calidad, y que ni siquera fueran capaces de pagar 1 dólar por una revista que en las tiendas cuesta más de 5. Pero claro, cuando la empezamos a dar gratis... En fin.

De vuelta en Vancouver. Hay algunos proyectos que están comenzando a tomar forma. Al parecer mi tiempo libre será cada vez menos, lo cual está bien. Lo rico es que pude aprovechar el verano a concho (aunque todavía no se acaba). No hay nada peor que trabajar cuando los días están bonitos y uno se tiene que resignar a mirar por la ventana.


miércoles 9 de agosto de 2006

Tan lejos, tan cerca

Este fin de semana largo (lunes feriado) lo pasamos en Tofino, visitando a un amigo de acá que no veíamos desde que nos acompañó a las Torres del Paine el año pasado. Cuando unos días atrás le conté a una amiga sobre mi viaje me dijo que me iba a encantar, que se parecía tanto a Chile, que las playas tienen olas "de verdad", no como en Vancouver que en realidad parece una taza de leche. No sé si será idea mía, si le pasa a todo el mundo que lleva un tiempo más que considerable en otro país y al final uno se empieza a rayar, pero... ¡tenía razón!

El pueblo está en la costa oeste de Vancouver Island, no tiene más de 1300 habitantes. La playa en sí es la versión canadiense de Ritoque o de Cucao. Hay una playa laaarga (se llama Long Beach), que tiene como 7 kilómetros, y otras playas más chicas a lo largo de la costa. Es el paraíso del surf, aunque la temperatura del agua está entre los 7 y 12ºC. Brrr. Sin traje de agua es imposible. Yo no tengo mucho espíritu de surfista, todavía no lo intento y el agua tan helada no ayuda. De repente el próximo verano me animo.

El tiempo nos tocó espectacular. Terminé siendo la única mujer entre 3 hombres y nos dedicamos a comer rico, ir a la playa, hacer fogatas, asar marshmellows (el colmo del chancheo), tomar sol, tomar cerveza y hacer absolutamente NADA. Como si me faltaran vacaciones... pero esa es otra historia.

Algunas anécdotas:
- De ida nos fuimos el jueves (para evitar el tráfico del viernes en la noche) y quisimos tomar el ferry de las 6:40... terminamos tomando el de las 9:25 (que además era el último) porque todos los demás estaban repletos. Llegamos como a las 2 de la madrugada a Tofino, después de casi 3 horas de manejo (yo iba en el asiento de atrás, así es que pude dormir un rato).
- Los chicos se dedicaron a cocinar, nos dimos los tremendos festines: desde french toast y panqueques al desayuno hasta salmón con menta y salsa de berries en la cena.
- Hay un jardín botánico donde tienen un "Chilean Plant Garden". ¡Tienen fucsias y nalcas! La última vez que vi nalcas fue cuando fuimos a Cucao en el Parque Nacional Chiloé. También tienen como atracción turística dentro de los jardines el "Bernardo O'Higgins Homestead" (algo así como el asentamiento de O'Higgins). Al parecer, un hijo o nieto de Don Bernardo O'Higgins Riquelme (sí, el mismo) estuvo por estos lados, aunque no existen registros legales. Desde los orígenes de la historia, a la buena o a la mala: chilenos hay en todas partes.
- El último día (lunes) nos volvimos con todo el choclón, esperando lo peor, y no sé cómo nos subimos en el ferry que justo iba saliendo: fuimos el último auto en entrar.
- Llegamos como a las 11 de la noche a la casa, abrí las ventanas (que parecía un horno) y revisé mi correo: 59 mensajes nuevos. Algunos importantes... de repente mi vida cambia y éste es sólo el comienzo.


miércoles 2 de agosto de 2006

Un boleto a alguna parte, por favor

- Sabes, he estado pensando que me encantaría escribir.
- ¿Y en qué topas?
- No sé... mi vida es tan fome. Supongo que para escribir te tienen que pasar cosas.
- Ay, dime que tu vida es tan plana que no tienes tema.
- Justamente. ¿De qué voy a hablar? Fui al colegio como todo el mundo, a la universidad, viajé un rato, me casé, sigo viajando, ahora estoy en Vancouver, ni siquiera tengo pega...
- Bueno, algo es algo... escribe sobre eso.


Aquí voy entonces. Mi nombre es Aurora B. Me gusta dejar sólo la inicial de mi apellido porque suena como aurora boreal. Por acá se conocen como las "Northern Lights" pero nunca las he visto.
Cuando era chica mis papás me decían Aurora Contreras, porque siempre estaba en contra de todo. Mi partido favorito: la oposición, cualquiera que fuera. Nací en Chile, pasé la mayor parte de mi vida en Santiago, ciudad que adoro y detesto al mismo tiempo. Llevo casi 4 años viviendo en Vancouver, casada con Delta (que si él no se viene yo no estaría acá y probablemente seguiría soltera... aunque quién sabe). Vivimos en el segundo piso de una casa, grande, de 1 dormitorio (esta ciudad es carísima). Para sobrevivir a la idea de que en invierno se oscurece a las 4 de la tarde pintamos las paredes del living de un color verde manzana-lima, imposible deprimirse. Después de esto, ya no podría volver a las paredes blancas y aburridas.

Me encanta viajar. Nada de hoteles, ni resorts, ni lugares hechos para turistas. Me gusta la aventura de agarrar mochila y perderme un rato, acampar al aire libre y tener sobredosis de naturaleza y vida sufrida por un tiempo. Alguien comparaba una vez la vida con un viaje largo, de esos sin rumbo fijo, con miles de conexiones posibles, donde nunca sabes donde vas a terminar. Porque claro, de que se acaba, se acaba. Una vez, pelando el cable con una amiga, ella me preguntaba cuál sería realmente el camino "correcto", si es que realmente existía uno. Le dije que en lo personal me cargaba seguir patrones, que no era oveja, que a la larga todos vamos a tener 60, 70, 80 años (o incluso apenas 30) y vamos a mirar para atrás... y que va a ser inevitable hacer comparaciones con la gente de nuestra edad, ver en qué está cada uno, quién ha logrado más, quién menos... y al final para qué, si todos vamos a llegar a la última estación en algún minuto. La única diferencia es que mientras algunos van a viajar de noche para llegar más rápido, yo voy a viajar de día, mirando por la ventana, sin perderme el paisaje. Me gusta saber donde estoy y quedarme en un lugar si quiero, bajarme a mitad de camino o incluso devolverme. Además, con tanto viaje de noche uno corre el peligro de quedarse dormido y pasar de largo, ¿o no?

A propósito de viajes, este fin de semana (que además es largo) nos vamos a Tofino, en Vancouver Island. Paraíso de los surfistas, aunque el agua es para congelarse. Ya escribiré sobre eso. Hasta aquí llego por hoy.


martes 11 de julio de 2006

1, 2, 3, probando...

Ya, me decidí. Entré a blogilandia. No hay fuegos artificiales ni nada por el estilo. Ni siquiera tengo algo interesante que escribir... al menos no por ahora. Pero bueno, tampoco quería esperar eternamente para subir mi primer post. Eso sería.