¡Es un niño!
Hace tiempo no escribía. Eso de que la maternidad te cambia la vida es totalmente cierto. Desde que nació nuestro retoño en septiembre perdí la noción del tiempo: un sábado puede ser perfectamente un lunes o un miércoles; mi vida gira en torno a pañales, papas y breves períodos de sueño, en ciclos que parecieran no acabar nunca; gracias a esto, mi cerebro se achicó hasta quedar del tamaño de un maní (sí, el famoso baby brain). Y así es como me he pillado echándole agua a la tetera con la tapa puesta, guardando las cosas en los cajones equivocados, etc. Después de eso, ya me considero peligro público y he limitado mis salidas al mínimo. No vaya a ser que cruce la calle con luz roja o que pague las compras con billetes de Metrópolis.
Por suerte existen las compras por Internet: fácil, seguro, a un solo clic. Sin querer me he estado volviendo adicta: desde algo tan doméstico como bolsas de repuesto para la aspiradora, hasta libros e incluso un colchón para la cuna que ordené directo desde Estados Unidos (y aún así salió más barato que en la tienda local).
Lo último que compré fue ropa interior. Nada de ir a la tienda, esperar que se desocupe un probador, hacer fila para pagar, etc. En cambio, fui a la tienda virtual y en cinco minutos estaba lista. Hasta aquí todo perfecto, si no fuera porque no me llegaba el correo de confirmación. Cinco, diez, veinte minutos y todavía nada. Raro. Revisé mi orden de compra y descubrí con horror que me había equivocado al ingresar mi dirección de correo electrónico; un guión de más y la orden completa le llegó a otra persona. ¡HORROR! Un perfecto extraño (¿o extraña?) que ahora sabe mi nombre, mi dirección y, lo peor de todo, ¡la talla de mi ropa interior! A estas alturas el robo de identidad me daba lo mismo (aunque por suerte no incluyen información de la tarjeta de crédito). Muerta de vergüenza, le escribí a la persona en cuestión pidiéndole que me reenviara el correo de confirmación... y lo hizo; además se lo tomó con humor. Gracias, Andrea B. A todos nos pasa de vez en cuando.





























































